Hamburguesa de alubias negras y cacao

Hamburguesa de alubias y cacao

Crecí en un lugar en el que había restaurantes de comida extremeña y española y en el que, de pronto, pusieron un mexicano con comida adaptada al gusto español (no supe, hasta bien mayor, qué eran los chiles anchos o los habaneros) y, luego, mucho más tarde (ya no existe) un restaurante mexicano con un cocinero que había vivido allí, en ese país tan rico y tan complejo en su cocina. Eso lo aprendí casi a los cuarenta. Antes y gracias a ese lugar, supe que se podía añadir cacao a un plato salado.

Estas hamburguesas con de Minimalist Baker. Quedan pastosas, no como las compactas realizadas con soja texturizada y seitán. Y a las hamburguesas más pastosas, hay que meterles salsa. Avisados quedáis. Llevan cacao: las semillas de este árbol fueron utilizadas como moneda por los mayas y otros pueblos mesoamericanos. También llevan las maravillosas alubias negras que tan versátiles son.

Ingredientes para 4 hamburguesas:

  • 1 taza (120 gramos) de nueces peladas
  • 2 o 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 3/4 de taza de cebolla mediana (60 gramos) muy picada
  • 3 dientes de ajo muy picados
  • sal (si has cocido las alubias sin sal, pon 1/2 cucharadita más)
  • pimienta negra
  • 1 cucharada de chile en polvo (yo le puse 1/2 cucharada de especias de guacamole)
  • 1 cucharada de comino en polvo
  • 3 cucharadas de cacao puro en polvo
  • 1 cucharada de azúcar moreno (es opcional: yo no le puse, pero lo cierto es que resalta el sabor umami del cacao: esto es así)
  • 425 gramos de alubias negras cocidas y bien secas. Deja escurrir muy bien y ponlas en una bandeja, sin apelotonar, cubiertas de papel de cocina. Si eres vaga (o vago), como yo, tendrás que añadir pan rallado o avena molida para apelmazar un poco la masa.
  • 1 taza (200 gramos) de quinoa cocida

Preparación:

Pon las nueces en una bandeja de horno a 180º C y tuéstalas durante 10 minutos. Yo, en verano, no enciendo el horno ni aunque me paguen, así que las tosté en una sartén sin grasa y listo. 

Calienta una sartén. Una vez caliente, añade 1 cucharada de aceite de oliva. Cuando esté caliente, agrega la cebolla y el ajo. Sazona con sal y pimienta y deja freír, a fuego medio, removiendo de vez en cuando, de 5 a 7 minutos, para que la cebolla se poche bien. Reserva. 

Deja que las nueces se enfríen ligeramente. Añádelas a un robot de cocina con el chile o las especias de guacamole, el comino, el cacao, una pizca de sal y pimienta y el azúcar, si lo usas. Tritura bien y reserva.

Pon las alubias en un bol y machácalas con un tenedor o un prensador de patatas. Agrega la quinoa, la mezcla de nueces con las especias y la cebolla frita y mezcla bien. Pon la masa en la nevera 30 minutos. Puede estar toda la noche. Así queda más compacta. Si está seca, añade aceite de oliva, de cucharada en cucharada, y si está seca, pan rallado o pan rallado sin gluten o harina de avena (que no es más que avena triturada), también de cucharada en cucharada, integrando todo bien. Ha de estar compacta, pero húmeda a la vez. 

Divide la masa en cuatro y forma cuatro hamburguesas. Las puedes hacer en la sartén, con el aceite restante, de 3 a 5 minutos por cada lado o ponerlas en una bandeja de horno, pinceladas con aceite (forra la bandeja con papel de horno, para que no se peguen) a 180º C durante 15 o 20 minutos por cada lado: cuanto más tiempo las dejes, más firmes estarán. Deja enfriar 3 minutos y sirve. 

Hamburguesa de alubias negras y cacao

Salteado de verduras para noodles

Yo, que soy así de divertida, llevo seis años con el blog; es decir, cocinado de forma frecuente (en algunas épocas más, en otras menos) y luego descubro, leyendo, cuántas cosas hago mal. Por ejemplo, hay que dejar calentar la sartén primero un ratito y luego añadir el aceite y dejar calentar el aceite y agregar la comida. Porque la cocina, dice Mark Bittman, se basa, sobre todo, en dominar el fuego. Total, que ahora intento hacerlo mejor. Y calentar.

Una de mis nuevas adquisiciones ha sido el libro de Bosh!, que lo peta con sus vídeos en la red y que hacen cosas muy gochas para tener muchos amigos a los que invitar y que no sean alérgicos a los gatos, como la mayoría de los míos. Así que comencé por un salteado para añadirle, después, unos noodles. O spaguetti. O cualquier otro tipo de pasta que queráis. Y así aproveché para probar un maravilloso wok tamaño catedral que me ha regalado mi madre y que estrené con esta receta.

Salteado de verduras
Salteado de verduras

Ingredientes para 4 raciones:

  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 dientes de ajo muy picados
  • 350 gramos (más o menos) de verduras. Yo puse:
    • 160 gramos de brócoli cortado en flores y cocidos al vapor 7 minutos
    • 150 gramos de judías verdes y cocidas al vapor 7 minutos
    • Unas puntas de espárragos que tenía por ahí
    • 1/2 cebolla pequeña
    • 170 gramos de zanahorias cortadas en tiras finas y largas. Como veis, las medidas no dan 350 gramos, sino algo más, pero era lo que tenía por casa.
  • 320 gramos de guisantes congelados, descongelados y cocidos al vapor 7 minutos
  • Para la salsa:
    • 3 dientes de ajo muy picados
    • 1 cucharada de azúcar moreno
    • 2 cucharaditas de maicena
    • 100 ml de caldo vegetal
    • 3 cucharadas de salsa de soja
    • 1 cucharada de vinagre de arroz

Salteado de verduras para noodles
Salteado de verduras para noodles

Preparación:

Bate los ingredientes de la salsa en un cuenco con la ayuda de un tenedor.

Pon un wok a fuego medio y espera que se caliente un poco (un minuto o así) y añade el aceite. Agrega el ajo y dale unas vueltas medio minuto. Añade las verduras y saltea. Un salteado consiste en no parar de remover (a ver, puedes parar un poco, pero hay que remover muy a menudo) durante unos minutos: los minutos depende de lo duras o blandas que os gusten las verduras. A mí me gustan duritas, pero hay verduras mucho más duras que, si las pones crudas, no se hacen, así que hay que cocerlas al vapor, al igual que los guisantes (que no son verduras: son legumbres y, por ende, proteínas).

Añade la salsa y saltea hasta que se evapore un poco. Prueba de sal, porque si usas salsa de soja baja en sodio, como yo, puede que quede sosillo. Puedes cocer noodles, en agua salada hirviendo el tiempo que marque el paquete y los echas también en el wok y a comer. Yo, como congelo las cosas, los noodles los hago en el momento. Obviamente, si sois celíacos, escoged noodles sin gluten.

 

Salteado de verduras para noodles

Galletas de jengibre y nueces

Y un domingo de calor, el día 4 para ser exactos, 4 de septiembre, a mí se me ocurrió encender el horno.

Esto es calor:

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Julio suele ser un mes malo en Extremadura. Malo de que yo recuerdo noches en que, de la desesperación, me acostaba en el suelo. Me levantaba con la espalda hecha cisco, pero era adolescente y no importaba porque se quitaba a los dos minutos. Ahora eso no puedo hacerlo por razones obvias así que tengo un ventilador. Y aire acondicionado. Pero, como también tengo una paranoia horrible con el ahorro de energía, el aire acondicionado solo lo usan mis gatos los martes. Cuando viene Paqui, que es la mujer que limpia mi casa porque yo me prometí a mí misma no volver a limpiar nunca más, y tengo que encerrar a los gatos en un cuarto. Me da miedo que les dé un jamacuco, así que le digo que ponga el aire. Por eso y para que Paqui no friegue con todo el calorato.

El resto del tiempo, uso el ventilador. Siempre.

Llevamos dos meses y pico de julio. Porque en agosto, a pesar de su mala fama, se podía vivir. Y lo mismo hasta usabas una rebequita, a finales. Pero no. Ahora ni en septiembre. Andamos todos empapados. Te duchas y el pelo no se seca nunca porque sudas otra vez. Ha habido tres días en que se nos ha dado un respiro. Tres días. Yo miro las sábanas y lloro: quiero arroparme con la sábana. Súmale un gato de siete kilos muy guapo y muy hermoso pero muy cariñoso y con mucho pelo que se sube encima de tu cuerpo para darte mucho amor. «Pues quítalo». Pues no, no lo quito, pobrecito. «Es que le tienes muy consentido». Pues sí. Cuando tú tengas gatos, me cuentas.

***

Yo, en mis vacaciones, quería cocinar. Cocinar mucho. Cocinar yuba, que es la piel de la leche de soja (como cuando se forma nata en la leche, pues eso mismo, pero en la leche de soja) y que sirve para hacer muchas cosas, entre ellas, pescado vegano. Que no va saber a pescado, pero lo quiero hacer. Hacer más clases de seitán. Hacer «pechuga de nopollo», de la Myoko. Muchas cosas.

Pues he comido ensaladas, otra vez. Con aguacate. Qué rico, el aguacate.

Y encendí el horno.

Porque una amiga muy amiga está embarazada y tiene unas náuseas de impresión. Así que el médico le dijo que comiera galletas de jengibre en trocitos pequeños por las mañanas. ¿Por qué? Ni idea. Pero me lo comentó, me dijo que las había estado buscando por todos los supermercados de Mérida infructuosamente y yo le dije: «Yo te las hago». «Sin canela». «Sin canela».

A Sandra no le gustan el chocolate ni la canela.

Yo la quiero igual. No la comprendo, pero la quiero mucho.

Me puse a hacer galletas, pues. A 42 grados. Con un par. Porque me sirven para poner algo dulce en el blog, porque en España somos unos gochos y los blogs que triunfan no llevan lechuga, sino cantidades asquerosas de mantequilla, azúcar y harina y huevos y oye, me como una también. Que desde que estoy tan sana que doy asco y me he quitado el azúcar del café (por cierto, lo bien que enmascara el azúcar, oye, y qué café de mierda bebemos en la mayoría de los bares), es que no como dulces salvo en los cumpleaños. Y yo comería dulces a todas horas, por muy insanos que sean.

Así que hice galletas. Le hice estas galletas (y aproveché para actualizar el post con el peso en gramos) y estas otras que voy a poner aquí debajo y que quedan así:

Es decir, quedan cada una de su padre y de su madre, que es como quedan las galletas caseras. Inmensamente ricas, pero irregulares. Y eso que aquí he puesto las más monas.

Se vino un amigo mío que además de ser comunicador audiovisual es cocinero. Pero en la Escuela Superior de Hostelería y Agroturismo de Extremadura no enseñan nada vegano. Los cortes de la carne y el pescado, todos. Las legumbres, poco. Las verduras, de guarnición. Viva la dieta mediterránea, esa que pensamos que seguimos todos y que es sanísima. Del tema que nos ocupa, solo ha hecho una clase de galletas: de mantequilla. Que a ver qué ciencia tienen las galletas de mantequilla, si son las primeras que yo hice y repetí y repetí y repetí porque son hipermegafáciles y con unos moldes salen igualitas. Ya sabéis: la mantequilla y el huevo son imprescindibles y no se pueden replicar…

¡Anda, unas galletas sin huevo!

Por cierto, están tomadas, pero tuneadas, porque ya me atrevo con estas cosas, del Vegan cookies invade your cookie jar.

Ingredientes para unas 24 galletas:

  • 260 gramos (2 tazas) de harina de trigo normal
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/4 cucharadita de nuez moscada molida
  • 130 gramos (2/3 taza) de aceite de girasol alto oleico
  • 150 gramos (2/3 taza) de azúcar blanquilla
  • 100 gramos (3/4 taza) de azúcar moreno
  • 75 mililitros (1/3 taza) de leche vegetal (yo usé de avena)
  • 1 cucharada de semillas de lino molidas
  • 150 gramos de nueces picadas
  • 1 y 1/2 cucharaditas de jengibre molido
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla

Preparación:

Precalienta el horno a 180ºC. Esto lo pone siempre al inicio de todas las recetas de repostería pero, o la gente trabaja muy rápido, o yo soy muy lenta, así que yo precaliento cuando las galletas están a punto de hacerse (es decir, cuando voy a hacer la masa). Prepara dos bandejas con papel de hornear.

En un bol, tamiza, juntos, la harina, el bicarbonato, el jengibre en polvo, la sal y la nuez moscada.

En otro bol o en el vaso de la batidora, bate con varillas el azúcar, el aceite, el azúcar moreno, la leche vegetal y el extracto de vainilla. Cuando esté bien batido, échalo en el bol de la harina y mezcla con una cuchara de madera hasta que no veas harina en la mezcla. Cuando esté casi mezclado del todo, agrega las nueces picadas.

Ahora, forma montoncitos con una cuchara (yo tengo una cuchara expulsora de helado, que viene genial para estas cosas). Separa los montoncitos unos 5 cm. porque se expandirán. Hornea 14 minutos (esto depende de cómo te gusten las galletas: yo unas las dejé 14 y otra tanda 16, porque depende de si te gustan blandas -es decir, gomosas, no blandas como un bizcocho- o duras. A mí me gustan duras, pero a Sandra le gustan blandas y al fin y al cabo, salvo un par que nos comimos para probarlas, se las va a comer ellas.

Se meten en una lata de galletas bien hermética. Y se pueden congelar. Sí. Se congelan envueltitas en papel film, una por una. Para descongelar, se dejan fuera del congelador sin el papel film pero envueltas en papel de cocina para que absorba la humedad. Y quedan de muerte. Sí, he comido galletas congeladas (una vez descongeladas, tampoco soy tan ansia).

Las galletas, recordad, son repostería. Por muy caseras que sean.

Galletas de jengibre y nueces

La pastelería vegana – Los endulzantes. Capítulo IV

Los endulzantes son, probablemente, el segundo ingrediente más relevante de una masa, sea de bizcochos, de galletas o de tartas. Y actualmente hay muchísimos. Escoger el más adecuado tendrá una enorme influencia en el sabor y la textura que consigamos, así que hay que mirar bien la tabla de sustituciones antes de cambiar, por ejemplo, una taza de sirope de arce por cualquier otra cosa.

Sirope de arce

Tipos de endulzante

Azúcar / Granulated white sugar.- El azúcar granulado o azúcar blanquilla es el azúcar común y corriente. Usaremos siempre azúcar ecológico, porque los azúcares refinados utilizan a veces huesos carbonizados de animales como colorante. Si el azúcar se ha extraído de remolacha azucarera en lugar de extraerse de caña de azúcar, su procesado siempre será vegano.

Azúcar glas / Confectioners’ sugar / Powdered sugar.- Es azúcar blanca pulverizada y finísima. Se utiliza para decorar tartas y pasteles y también como ingrediente en las cremas.

Azúcar demerara.- Es un tipo de azúcar moreno sin refinar, con cristales grandes y crujientes, lo que da una apariencia fantástica a las galletas. Se llama así porque comenzó a producirse en Demerara, que es una región de Guyana.

Azúcar moreno.- Se puede usar en sustitución del azúcar común, pero hay que tener en cuenta que endulza menos. En América la hay más oscura o más clara (dark brown sugar o light brown sugar). Tiene un sabor más peculiar, además.

Panela / Unrefined whole cane sugar.- La panela tiene como único ingrediente el jugo de la caña de azúcar, que se deshidrata y se solidifica. El jugo de la caña se cuece a altas temperaturas hasta formar una melaza bastante densa. Su principal componente es la sacarosa, pero también tiene vitaminas del grupo B y vitaminas A, C, D y E, además de minerales como el magnesio, el potasio, calcio, fósforo, manganeso, hierro o zinc. Hay que rallarla para utilizarla y es bastante dura.

Jugo de la caña de azúcar evaporado / Evaporated cane juice.- Lo he traducido literalmente porque no estoy segura de la nomenclatura en español y jamás lo he visto en ningún supermercado. Es un endulzante que se deriva del azúcar, también se presenta en granillos y la diferencia (cuando las dos provienen de la caña de azúcar) con el azúcar normal es el modo de refinamiento. Sin tener muchas, tiene algo más de vitaminas que el azúcar normal, así que mucha gente prefiere usarlo en lugar del azúcar blanquilla. Se sustituye por la misma cantidad.

Sucanat.- Es la abreviatura de «Sugar Cane Natural». También procede de la caña de azúcar, pero mucho menos procesada que las otras, con lo cual sigue manteniendo parte de la melaza y tiene un maravilloso color dorado oscuro. Lo puedes usar para reemplazar el azúcar en una receta, pero ten en cuenta que sabe a melaza, lo cual será maravilloso si te encanta la melaza, pero horroroso si no es así.

Caster Sugar.- Es un azúcar muy fina que se puede conseguir por internet y además la venden tiendas de comercio justo. No es azúcar glass, es solo más fina que el azúcar normal y es ideal para repostería. La hay de dos clases: caster sugar normal o golden caster sugar, que tiene color dorado.

Azúcar muscovado

Azúcar muscovado / Azúcar moscabado / Azúcar de Barbados / Muscovado Sugar.- Es maravilloso. Muy oscuro y no hay que confundirlo con el azúcar moreno. Sus valores nutricionales son altos: conserva minerales como el hierro, el calcio, el magnesio o el potasio, que provienen de la planta de la caña de azúcar.

Melaza o miel de caña / Molasses.- Es fácil de encontrar en España y se utiliza también como endulzante. Es el líquido de la caña de azúcar que puede estar más o menos procesado. En España solo la he visto de una manera, pero en América existen varias: light molasses, dark molasses o blackstrap molasses.

Extraída de Wikipedia.

Golden syrup.- Se puede comprar fácilmente por internet. Es vegano. Es azúcar invertido extraído de la caña de azúcar o de la remolacha azucarera. Se parece a la miel, así que mucha gente la utiliza en su lugar.

Sirope de maíz / Corn syrup.- En España, el sirope de maíz es difícil de encontrar. Lo hay claro u oscuro (light corn syrup o dark corn syrup). Es un endulzante, sí, pero no es muy sano, sinceramente así que no lo usaremos mucho.

Jarabe de arce / Sirope de arce / Maple syrup.- Es caro, pero está buenísimo. Es la savia del arce, pero tienes que tener cuidado de que sea sirope de arce puro y no un sucedáneo de sirope de arce, porque generalmente los endulzan con sirope de maíz en cantidades industriales.

Sirope de arroz integral / Brown rice syrup.- Otra traducción literal, porque no lo he visto en España. Es un líquido dulce que se obtiene del arroz integral. Sabe a caramelo.

Sirope de agave / Agave nectar / Agave syrup.- Está hecho con la savia de la planta de ágave y tiene un sabor delicioso. Es intensamente dulce, incluso más que el azúcar normal. Además, no tiene casi impacto en los niveles de azúcar en sangre, así que lo hace adecuado para diabéticos.

Malta de cebada / Barley malt.- Se usa para el pan y también en la repostería, pero en este caso hay que rebajarla y utilizarla con otros endulzantes, como el ágave o el sirope de arce para contrarrestar su pronunciadísimo sabor.

Stevia.- Se usa en Brasil, China y Corea del Sur, además de en Japón y Estados Unidos. Acaba casi de aparecer en el mercado español. Es, por ahora, la alternativa más saludable al azúcar. Puedes sustituir el azúcar por stevia en muchas de las recetas de repostería. Algunas marcas recomiendan dividir por 9 la cantidad de azúcar para saber cuánta cantidad de stevia se tiene que echar, si es en polvo. Si es líquida, la cosa cambia, pero siempre se puede ir probando la masa hasta que tenga el dulzor deseado. La stevia procede de una planta y sus extractos, llamados glicósidos de esteviol, son 300 veces más dulces que el azúcar y no contienen calorías. Para saber más, pueden visitar la página de la European Stevia Association. En esta página se nos dice que, a diferencia del azúcar, «los glicósidos de esteviol no se pueden usar para la conservación de comida (como por ejemplo, confituras). No se produce oscurecimiento y/o caramelización durante el horneado. Por supuesto, los glicósidos de Esteviol no pueden ser metabolizados por levaduras». También se nos dice que algunos productos horneados tales como el bizcocho esponjoso «no se pueden cocinar ya que la stevia no posee la masa del azúcar». Sin embargo, conocemos casos de bizcochos con stevia o magdalenas que no han tenido ningún problema en el horno.

Tabla de sustituciones

Azúcar.- Se puede sustituir por Sucanat, azúcar moreno, azúcar muscovado o stevia… Con esto no hay problema. El problema estriba cuando quieres hacer una galleta con sirope de agave porque hay alguien diabético, por ejemplo. Bien: el agave es líquido, así que tendrás que ir probando, igual que con la stevia líquida; si no es líquida, en el bote suele aparecer la cantidad con la que la tienes que sustituir (por regla general, la cantidad de azúcar se divide por 9). Tienes que poner menos cantidad de los ingredientes líquidos (por ejemplo, menos leche vegetal) e incrementar los ingredientes secos. Y ten cuidado con el poder endulzante de los siropes. Si la receta pide 1 taza de azúcar, usa solo 3/4 de taza de sirope de arce o de agave. Aparta algo de leche de la receta y ve añadiendo cucharadas de harina hasta que la masa tenga la consistencia deseada. Ve probando.

Azúcar moreno.- Se puede sustituir por azúcar blanca más melaza. Por cada 1/2 taza de azúcar moreno que pida la receta, remueve dos cucharadas de melaza con dos cucharadas de azúcar.

La pastelería vegana – Los endulzantes. Capítulo IV

Galletas de avena, chips de chocolate y espresso

¿Cómo es una galleta sin ningún ingrediente de origen animal? Yo no las tenía todas conmigo. Pensaba: estarán más pastosas. No ligará la masa. Tendré que tirarla, seguro. Pero, como me encanta el sabor del café en los postres y el toque de chocolate y, como he comprado todos los libros de Isa Chandra Moskowitz y Terry Hope Romero, tanto cuando escriben juntas como cuando han escrito separadas, me dije: Vamos a hacer esta receta de Espresso Chip Oatmeal Cookies, que tiene muy buena pinta, con sus semillas de lino molidas y su azúcar moreno…

El resultado es espectacular. Al principio, la masa queda líquida y uno piensa: esto va a ser horrible. Pero después, salen unas galletas crujientísimas por fuera y blanditas por dentro, con un sabor exquisito (y, lo aseguro, soy muy exigente con los dulces). Ahora no veo el momento de hacer todas las recetas de este libro…

Receta extraída de Vegan cookies invade your cookie jar.

Ingredientes para unas 24 galletas:

  • ½ taza de leche de soja, arroz, avena… Yo usé leche de avena
  • ½ taza de aceite de canola o girasol. Yo usé aceite de girasol.
  • 2 cucharadas de semillas de lino molidas. Se muelen perfectamente en un molinillo de café.
  • 1/3 taza de azúcar moreno. Yo usé azúcar de panela de comercio justo.
  • ½ taza de azúcar blanca
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 2/3 taza de harina todo uso. Yo usé harina de trigo ecológica.
  • 1/8 cucharadita de canela molida
  • 2 cucharadas de café espresso instantáneo
  • 1 cucharada de cacao en polvo. Yo usé cacao en polvo con procesado holandés, que es el que hay en España, marca Valor.
  • ¾ cucharadita de polvo de hornear (se le conoce también como levadura Royal, aunque no es una levadura; lo podéis encontrar también en algunas recetas como «impulsor» o «impulsor químico»)
  • ¼ cucharadita de sal
  • 1 y ¾ tazas de copos de avena
  • ¾ taza de chips de chocolate (sin ingredientes de origen animal, claro, que nuestras galletas son veganas).

Cómo medir la harina en esta receta:

Las autoras recomiendan medir la harina con la taza dejando un copete, darle unos golpecitos contra la encimera para quitar las burbujas de aire que se puedan haber formado y luego nivelar la superficie con un cuchillo o una espátula.

Preparación:

Precalienta el horno a 180ºC y forra dos bandejas de horno con papel de hornear.

En un bol grande, mezcla juntos la leche, el aceite, las semillas de lino, los dos azúcares y la vainilla hasta que estén hechos una crema. Tamiza en otro bol la harina, la canela, el café y el cacao en polvo, el polvo de hornear y la sal. Mezcla los ingredientes secos y los húmedos hasta formar una masa. Con la cuchara vas que te matas, no hace falta usar una batidora, porque la masa es líquida. De hecho, cuando la ves, piensas: esto no hay dios que lo hornee. Pero luego añades la avena y los chips de chocolate y aquello se compacta un poco más. Remueve hasta que se integren. Nunca te creas que te va a quedar una masa como la de bizcocho. Es una masa… Imagínate un barreño de caramelo líquido espesito lleno de copos de avena: así será tu masa.

Coge cucharadas generosas de masa y ponlas en la bandeja de hornear con 5 cm de separación entre ellas. Yo tengo una cucharada especial para estos menesteres, que es la que uso. Tiene un sistema de muelle por el cual expulsa la masa:

Hornea 14 minutos, hasta que las galletas estén ligeramente hinchadas y los bordes parezcan secos. Yo las tuve 20 porque mis galletas fueron más grandes. A los 14 minutos, sacas la bandeja del horno y echas un vistazo: ¿que parecen muy blandurrias todavía? Las metes tres o cuatro minutos más. Y ya está. Cada horno es un mundo.

Deja las galletas enfriándose en la misma bandeja de horno durante 5 minutos (no te saltes este paso o se desharán) y luego pásalas a una rejilla. Guárdalas en una lata de galletas.

Galletas de avena, chips de chocolate y espresso