Yogur de soja

Durante las pasadas Navidades, me dediqué a cocinar como una loca para poder llevar comida rica a casa. La compartí con la familia de mi cuñada, en la que hay una vegetariana también, así que, como agradecimiento, me regalaron una fuente grande con dibujos de gatos y una Instant Pot. Yo soy la tonta de los cacharros de cocina y alguno lo tengo ahí muerto de risa esperando la inspiración (como la máquina de pasta), pero, desde que esta ollita llegó a mi casa, la he usado casi todos los días. Sobre todo, para hacer patatas y guisantes al vapor. Pones todo, enciendes, te largas, te olvidas. Las patatas, un cuarto de hora. Los guisantes, 1 minuto. Todo perfecto.

Yogur de soja casero
Yogur con copos de cereal

La Instant Pot es una olla eléctrica que tiene varias funciones. Es olla rápida y olla lenta y también tiene varios programas para cocinar distintos cereales a la vez, hacer estofados, cocer legumbres para que queden enteras y, sobre todo, hace yogur. Así que yo, que soy una enreda, me dije: ¿y si hago yogur? Y compré un cuajo vegano, en iHerb.

El yogur queda suave, no muy ácido (si se quiere muy ácido, hay que ponerlo más tiempo) y líquido, como una salsa. Si se quiere espeso, hay que usar un espesante, como el almidón de tapioca.

Ingredientes para 1 litro de yogur:

  • 1 litro de leche de soja (con el menor número de ingredientes posible y, sobre todo, sin endulzar: es decir, sin fructosa, sin siropes, sin azúcar… Cuesta encontrarla, pero existe y, si no, se puede hacer leche de soja casera).
  • 1 sobre de cuajo vegetal
  • 1 cucharada de almidón de tapioca como espesante (opcional)
Yogur de soja casero
Yogur de soja

Preparación:

Bate la leche de soja con el cuajo vegetal. Es decir, ponlo en un bol y remueve, no hace falta que uses la batidora. Puedes poner la leche directamente en tarritos de yogur o en botes en la base de la olla, sin necesidad de esterilizar ni nada, pero que estén bien limpios. O hacer el yogur en la olla y luego pasarlo a tarros. Como quieras. Tampoco hace falta que uses la rejilla: los tarros se pueden poner directamente en la base.

Pon la tapa de la Instant Pot. No necesitas cerrar la válvula, pero es mejor que lo hagas para que la temperatura sea constante. Pulsa el botón en el que pone YOGURT. El tiempo será 8 horas por defecto, pero queda mejor si está al menos 12. Yo lo puse 12, pulsando la tecla +. Esto es más simple… Ten en cuenta que, cuanto más tiempo esté fermentando, más ácido se pone.

Luego lo puedes guardar tapado en el frigorífico. Dura 10 días. Yo lo he usado para hacer salsas de ensalada y labneh.

Si quieres que te quede un yogur tipo griego, es tan fácil como dejarlo un rato (el rato varía dependiendo de lo espeso que lo quieras) escurriendo. Coloca, en la encimera, un bol. Encima del bol pon un colador y, encima de él, un paño de muselina. Ahora, pon el yogur y deja escurrir. Luego, con una cuchara, ponlo en botes y ya lo puedes comer así o usar como quieras.

Yogur de soja

Muffins de zanahorias y uvas pasas

Muffins de zanahoria y pasas
Muffins de zanahoria y pasas

La primera vez que probé el bizcocho de zanahorias, lo hizo una mujer llamada Morag, inglesa (el nombre es gaélico, por cierto), amiga de mi compañera de piso de Sevilla de por aquellos entonces. Nos dijo: «Voy a hacer un bizcocho de zanahorias». Yo arrugué la nariz, porque las zanahorias eran verduras y fue como si me hubieran dicho: «voy a hacer un bizcocho con cebollas». Total, que allá que se puso la mujer a hacer el bizcocho y yo lo probé por ser educada… y se transformó en mi bizcocho favorito. Con pasas, sin pasas, con nueces, sin ellas, con muchas especias o solo con canela. Lo adoro. Si hay tarta de zanahorias, es lo que pido. No me canso. Así que, como tenía que hacer un regalo a unos amigos a los que les prometí magdalenas, horneé estos muffins de la segunda edición del Vegan with a vengeance de Isa Chandra Moskowitz. Ella usa aceite de coco refinado. Yo, de girasol, que se produce aquí.

Magdalenas de zanahoria y pasas
Magdalenas de zanahoria y pasas

Ingredientes para 12 muffins:

  • 80 gramos (1/2 taza) de uvas pasas
  • 225 gramos (1 y 1/2 tazas) de harina
  • 2 cucharaditas de polvo de hornear
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1/4 cucharadita de nuez moscada molida
  • 1/2 cucharadita de canela molida
  • 50 gramos (1/4 taza) de azúcar
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 235 gramos (1 taza) de leche de almendras sin endulzar o de soja
  • 55 gramos (1/4 taza) de aceite de girasol
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 200 gramos (2 tazas) de zanahoria rallada con el rallador de agujeros grandes o medianos o picada muy picada en la picadora
Muffins de zanahoria y pasas
Muffins de zanahoria y pasas

Preparación:

Precalienta el horno a 200º C. Prepara una bandeja de muffins, o engrasando las cavidades con aceite de girasol o con cápsulas.

En un bol pequeño, remoja las pasas en agua hirviendo, tapa y deja reposar 10 minutos. Cuela.

Mientras tanto, tamiza la harina, el polvo de hornear, el bicarbonato, la canela, el azúcar, la nuez moscada y la sal en un bol y mezcla muy bien. Crea un volcán en el centro y añade la leche, el extracto de vainilla y el aceite. Mezcla bien con una cuchara de madera hasta que esté todo integrado y no veas harina.

Ahora, añade las zanahorias y las pasas escurridas y remueve bien.

Rellena los moldes de muffins unas 3/4 partes de su capacidad. La masa sale justa, así que no tendrás problemas. Hornea de 18 a 22 minutos, hasta que un palillo o la punta de un cuchillo insertado en el centro salga limpio. Saca el molde del horno, con la ayuda de unas manoplas, deja enfriar 5 minutos dentro del molde y luego desmolda las magdalenas y pásalas a una rejilla.

Se conservan, como todas las magdalenas, bien tapadas en una lata. También se pueden congelar y se descongelan en el frigorífico envueltas en papel de cocina para que absorba la humedad.

Muffins de zanahorias y uvas pasas

Magdalenas de almendras y limón

Magdalenas de almendras y limón
Magdalenas de almendras y limón

Sevilla siempre ha sido mi casa, pero, de pisarla de ciento en viento, de tanto cambio (mi barrio estaba despoblado y ahora hay Mercadona, Burger King, bares de tapas de los que te sirven las tapas en platos cuadrados por doquier y casi no lo reconozco) y de tanta, sobre todo, evolución personal, está hecha más de recuerdos que de cualquier otra cosa. Hace un mes fui a ver a una de mis mejores amigas y me pasé toda la mañana cocinando, porque para su hijo mayor, soy «la tía que hace magdalenas». Así que llevé magdalenas. Algunas salieron horrorosas y otras salieron bien a la primera y otras salieron bien a la segunda tanda y descubrí un par de cosas. Si hay un molde que te funciona, úsalo. Y, al menos para mí, es mejor usar un cuchillo para ver si los pasteles están hechos, porque lo del palillo… Bueno, quizá si comprara palillos de una vez y no anduviera usando las brochetas de bambú… Son eternas, esas brochetas: llevan tres mudanzas conmigo.  Pero son demasiado gordas, aclaro. También, cosa que ya sabía, necesitaría un termómetro de horno de los buenos, porque mi horno… Bueno, mi horno se ha usado durante 15 años por las más variadas gentes y tiene todos los números de la temperatura borrados. Y los tiempos de horneado no están escritos en piedra. Donde pone 17 minutos, para mí son 23. Pero con eso no hay problema. Mientras no se abra el horno los 15 primeros minutos de horneado de un muffin o una magdalena o la base de un cupcake, no hay peligro. Ah. La receta es de Kris Holechek y su The 100 Best Vegan Baking Recipes, que no tiene fotos (qué se le va a hacer) pero que es imbatible.

Magdalenas de almendras y limón
Magdalenas de almendras y limón

Ingredientes para 12 magdalenas pequeñas o 6 jumbo:

Masa:

  • 340 gramos (2 y 1/4 tazas) de harina
  • 160 gramos (3/4 taza) de azúcar
  • 2 cucharaditas de polvo de hornear
  • 1/8 cucharadita de sal
  • 290 ml (1 y 1/4 tazas) de leche de soja o avena o almendra
  • 60 gramos (1/3 taza) de aceite de girasol alto oleico
  • 170 gramos (1/2 taza + 2 cucharadas) de yogur natural de soja
  • 1 cucharadita de extracto de almendra
  • 2 cucharaditas de zumo de limón

Topping:

  • 50 gramos (1/4 taza) de azúcar
  • la piel rallada de 1 limón
  • 20 gramos (1/4 taza) de almendras laminadas
Magdalenas de almendras y limón
Magdalenas de almendras y limón

Preparación:

Precalienta el horno a 200º C.

Topping: Mezcla todo en un bol.

Masa: Tamiza la harina, el azúcar, el polvo de hornear y la sal en un bol grande y mezcla bien.

Ahora, en el vaso de la batidora, pero con el accesorio de la varilla (el que es como un batidor de toda la vida), bate bien el aceite, el yogur, la leche, el zumo de limón y el extracto de almendras. No uses un bol, aunque todas las recetas dicen que batas en un bol. Salpica. Salpica mucho. Es mejor usar el vaso de la batidora. Créeme.

Ahora, añade el líquido al bol donde tienes las harinas y mezcla bien con una cuchara de madera hasta que esté todo integrado.

Pon la masa en los muffins (yo uso una cuchara de helado con expulsor o un dispensador de masas) y llénalos hasta casi el borde. Con una cucharita de las del café, ve poniendo el topping por encima (sale a 1 cucharadita cada magdalena).

Hornea de 15 a 17 minutos para los muffins normales o de 22 a 25 para los jumbo. Ten en cuenta que los tiempos no son exactos. Pon siempre el menor y ve probando. Si a los 15 minutos no está (o a los 22, si los haces grandes) -si están listos, lo sabrás porque al insertar un palillo o la punta de un cuchillo, salen limpios-, ponlos unos minutos más. No te olvides del temporizador.

Sácalos del horno (no olvides ponerte unas manoplas o coger bien un trapo) y déjalos en el molde durante 10 minutos. Luego, sácalos a una rejilla de galletas y enfría.

Los que te sobren los puedes guardar en cajas bien cerradas. También se pueden congelar y se descongelan en el frigorífico o a temperatura ambiente, envueltos en papel de cocina para que vaya absorbiendo la humedad.

Magdalenas de almendras y limón

Cupcakes de té chai

Magdalenas de té chai
Magdalenas de té chai

Esto son cupcakes. Y los moldes de cupcakes son un pelín más pequeños que los de muffins. Con lo cual, si queréis usar un molde de muffins, que es el que he usado yo, no saldrán 12 cupcakes, sino 8. Avisados quedan ustedes. Llevan té y muchas especias y están riquísimos. Yo los hice para regalar, porque este año que comienza me he propuesto cuidarme mucho más. Es decir, voy andando al deporte y vuelvo andando (40 minutos de ida, 40 de vuelta), no uso el ascensor (salvo cuando voy muy cargada), estoy intentando controlar la ansiedad (y lo consigo el 90 por ciento de las veces) y estoy siendo más consciente de lo que me llevo a la boca. Cuando sea mi examen y lo haga, comenzaré a hacer deporte más días: ahora no me da tiempo porque las tardes las dedico a estudiar. De hecho, esto lo hice una mañana que tenía libre, que me la pasé horneando magdalenas para regalar a mansalva. El blog tiene recetas dulces y yo no engordo. La receta es del libro Vegan Cupcakes Take Over The World, de Isa Chandra Moskowitz y Terry Hope Romero, que viene con todas sus decoraciones para añadir por encima, pero yo eso no lo hago nunca. Que a lo mejor lo hago algún día cuando venga gente a comer a casa, pero aún no me ha dado. Me veo más haciendo una tarta crudivegana…

Magdalenas de té chai
Magdalenas de té chai

Ingredientes para 12 cupcakes u 8 muffins:

  • 235 ml (1 taza) de leche de soja
  • 160 gramos (3/4 taza) de azúcar
  • 4 bolsitas de té negro o 2 cucharadas de té negro en hojas
  • 55 gramos (1/4 taza) de aceite de girasol alto oleico
  • 120 gramos (1/2 taza) de yogur de soja natural o de vainilla
  • 200 gramos (1 y 1/3 taza) de harina
  • 1/4 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1/2 cucharadita de polvo de hornear
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 2 cucharaditas de canela en polvo
  • 1 cucharadita de cardamomo molido
  • 1/2 cucharadita de jengibre en polvo
  • 1/4 cucharadita de clavos de olor molidos
  • Una pizca (hasta 1/8 de cucharadita) de pimienta blanca o negra
Magdalenas de té chai
Magdalenas de té chai

Preparación:

Precalienta el horno a 180º C. y prepara un molde de cupcakes o muffins, lo que tengas. Lo puedes pincelar con aceite o poner cápsulas.

Calienta la leche de soja en un cazo hasta que casi esté a punto de ebullición. Añade el té, tapa con un plato y, fuera ya del fuego, deja reposar 10 minutos. Luego, si has usado bolsas, mételas y sácalas tres o cuatro veces y luego escúrrelas muy bien o cuela la leche. Mídela y, si mide menos de 235 ml (es decir, menos de 1 taza -cosa que ocurre, por cierto-) añade un poco más hasta que completes esta cantidad.

En el vaso de la batidora, bate, con el batidor de varillas (el que es como esta foto) el aceite, el yogur, el azúcar, la vainilla y la leche con el té hasta que no haya grumos.

En un bol grande, tamiza la harina, el bicarbonato sódico, el polvo de hornear, la canela, el cardamomo, el jengibre, el clavo y la pimienta. Remueve muy bien con una cuchara de madera. Ahora, agrega los líquidos y remueve bien hasta que esté todo integrado.

Rellena los moldes hasta arriba y hornea de 20 a 22 minutos, o hasta que al insertar un palillo o la punta de un cuchillo en el centro del cupcake, salgan limpios. Saca del horno (no olvides usar unas manoplas). deja reposar 5 minutos y luego pásalos a una rejilla para que se enfríen.

Guárdalos en una lata de galletas bien tapados. Se pueden congelar. Se descongelan en el frigorífico, envueltos en papel de cocina para que absorba la humedad.

Cupcakes de té chai

Arroz con leche de desayuno

¿Por qué no de postre? ¿Por qué un arroz con leche para desayunar? Primero, porque queda líquido. Lo hago con arroz integral en lugar de con arroz blanco. Segundo, porque no es dulce. Está un pelín muy pequeño endulzado con dátiles Medjoul, pero no es dulce como un postre. Queda líquido precisamente para añadir fruta fresca, especias y lo que queráis. Sacia y no te entra hambre a media mañana, que es mi principal problema con los desayunos: si me como una tostada con pan blanco, a la media hora quiero comer. Si me como un sándwich de pan blanco, lo mismo. Si lo como integral, a los tres cuartos de hora. Pero he descubierto que los cereales me duran mucho al lado del ordenador y, como tardo mucho en comerlos, me sacian un montón y no tengo (tanta) ansiedad. Así que aquí va mi último descubrimiento, con el que estoy muy contenta. La receta la adapté de Mivegablog.

Ingredientes para 4 raciones:

  • 1 litro de leche de soja normal, sin endulzantes ni sabores ni nada
  • 4 dátiles Medjoul sin hueso y picados
  • 1 palito de canela
  • La piel de medio limón, sin la parte blanca, que esté bien lavado
  • 180 gramos de arroz integral
  • Canela en polvo para decorar

Preparación:

Bate la leche de soja con los dátiles 2 minutos a velocidad 7-10 en MyCook. Añade la canela en rama y la cáscara de limón y programa 10 minutos a 90ºC y a velocidad 2. Agrega el arroz por el bocal y programa 35 minutos a 90º C y velocidad 2. Deja reposar en la jarra 5 minutos.

Sí: queda líquido para que luego se le puedan añadir frutas frescas y frutos secos con semillas.

Retira la piel del limón y el palito de canela y guarda en tuppers. Se puede congelar perfectamente.

Arroz con leche de desayuno

Mantequilla vegana

Hace unos días me regalaron aceite de coco refinado. El aceite de coco refinado no sabe a coco y además es de peor calidad (para qué vamos a usar un aceite súper bueno para someterlo a un proceso químico agresivo). También me regalaron aceite de coco virgen extra y lo he utilizado una vez, porque a mí el coco no me va mucho (las bolitas dulces de coco y los coquitos es que los odio con todo mi ser). Y además, en España creo que no se cultiva, solo en el Trópico, lo que significa que viene de muy lejos y que, por mucho que ponga «ecológico» en la etiqueta, ha dejado de ser ecológico en cuanto se ha subido a un furgón o a un barco.

En los libros veganos estadounidenses se utiliza muchísimo para repostería, por ejemplo. Claro que también usan mierdas como «grasa vegetal»: ahí, a lo bestia. Yo he hecho alguna receta sustituyendo el aceite de coco refinado por aceite de girasol alto oleico o por aceite de pepitas de uva, que son los que tengo en casa y para estas cosas los voy alternando. Que podría tener aceite de oliva suave, que es la mejor opción, pero a mí el aceite de oliva que me gusta es el que es verde y pica. Entonces, teniendo aceite de oliva de Monterrubio o de Gata-Hurdes, para qué voy a usar yo aceite de coco. Que además luego da igual lo que le eches a la comida: aunque hayas hecho un perol como para invitar a todo el barrio a comer y hayas echado una cucharada de aceite de coco para ocho raciones, aquello sabe a coco. Por encima de cualquier otro sabor.

Vamos, que lo que yo vengo a decir es que, a no ser que me leáis desde Indonesia, Filipinas, la India, Sri Lanka, Brasil, Tailandia, México, Vanuatu, Papúa Nueva Guinea o Vietnam, esta receta no la hagáis. Si no os importa que os traigan las cosas desde quintaleche, pues qué se le va a hacer. Que es antiecológico e insostenible ya lo he dicho. Y si no os importa que sea un aceite refinado, que es básicamente una guarrería, pues también.

Yo la he hecho para usarla en galletas y cosas de estas que voy a llevar a la radio y la tele. El blog se enriquece con nuevas recetas y mis compañeros de ese trabajo megaobesogénico que tengo, se alimentan de calorías vacías mientras yo me como un trocito para probar. Todos ganamos. Ellos, porque les gustan los dulces. A mí también, ojo: yo comería bizcocho y tarta de zanahorias todos los días de mi vida para desayunar y para merendar. Pero, como una está intentando tomar decisiones conscientes en su vida, desayuno y meriendo cosas más lógicas: tostadas de pan integral con hummus y tomate, con tomate rallado, con aceite de oliva, frutos secos crudos y café. Esas cosas.

También os digo. La mantequilla la he adorado desde que descubrí que existía Portugal (viviendo en La Raya, a 20 km., lo descubrí muy pronto) y desde que la manteiga Primor entró en mi vida (que también fue pronto). Ni la leonesa, ni la asturiana, ni ninguna otra. La Primor es infancia, viajes a Portugal, panes de aperitivo tostados antes del bacalao dorado, las almejas y la çapateira. Ya no como ninguna de esas cosas. Pero me dije: a ver a qué sabe esta mantequilla, vamos a meter el dedo.

Y no sabe a Primor, pero sabe a mantequilla. Tampoco en plan súper bestia, porque no es mantequilla. Pero sabe. De verdad. Así que la voy a poner (me lo he pensado, ojo) porque, primero, ya la he hecho; segundo, circula por todas partes en internet y siempre tiene aceite de coco refinado y tercero, porque no la voy a volver a hacer jamás, que a ver por qué voy a comprar yo aceite de coco refinado alguna vez en mi vida, pero quedará como recuerdo. Bueno, lo mismo algún día me voy a Indonesia a vivir, pero por ahora no entra mucho en mis planes.

La receta es de la enorme Miyoko Schinner. Y yo debería haber hecho como ella, que es coger una tostada monísima y hacer una foto. Pero solo tengo ese pan tostado que veis ahí, porque el que uso para desayunar se me acabó. Antes de hacer las fotos me quedaban dos tostadas. Pero es que yo me levanto a las seis, ¿sabéis? Aunque esté de vacaciones. Así que esperar a que sean las once, que haya luz para poder hacer la foto, sin comer… Vamos, hay gente que por las fotos lo da todo. Yo no. Yo me levanto a las seis, me hago un café y, como tarde, a las siete y media estoy comiendo.

Ingredientes para unos 450 gramos:

  • 300 gramos (1 y 1/2 tazas) de aceite de coco refinado líquido (ojo: no virgen extra)
  • 110 gramos (1/2 taza) de leche de soja, de anacardos o de almendra (yo usé de almendra casera)
  • 55 gramos (1/4 taza) de aceite de colza, de oliva ligero o de pepitas de uva (yo usé de pepitas de uva)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 2 cucharaditas de lecitina de soja líquida o de 4 a 8 cucharaditas de lecitina de soja en gránulos (la lecitina de soja impide que se separen los ingredientes: yo usé 6 cucharaditas).

Preparación:

Pon todos los ingredientes en el vaso de la batidora y bate a velocidad media durante 1 minuto, hasta que toda la mezcla esté emulsionada. Luego, ponla en unos moldes de silicona, para que te sea más fácil desmoldarla, o en cualquiera que tengas a mano y que no sea de silicona, pero fórralo con papel vegetal. Déjalo en el frigorífico varias horas para que se endurezca y ya está listo. También lo puedes poner en el congelador para acelerar el proceso. En la nevera te durará 3 o 4 semanas y, en el congelador, lo hará varios meses.

Hay otras maneras de variar esta receta. Como yo no voy a comprar aceite de coco refinado, no sé cómo quedarán. Pero, tratándose de Miyoko, quedarán bien. Esta mujer es una garantía.

Mantequilla añeja: Reemplaza la leche vegetal por 1/2 taza de yogur de soja natural sin edulcorar ni azucarar o añade 1 cucharadita de vinagre de sidra o zumo de limón a la leche vegetal.

Mantequilla muy dura: Esta mantequilla sirve para hacer hojaldre, croissants y cosas así. Incrementa el aceite de coco: echa 2 tazas y 1/2. O usa 1/2 taza de mantequilla de cacao desodorizada en lugar de 1/2 taza del aceite de coco.

Mantequilla batida: Incrementa el aceite en 1 cucharada y bate a alta velocidad durante 2 minutos para incorporar todo el aire que sea posible.

Mantequilla sin sal: No eches sal a la receta y ya la tienes.

Mantequilla vegana

Bechamel de espelta integral en MyCook

Sí. Soy esa mujer que hace curries estupendos y hamburguesas de todas clases y que no ha cocinado una bechamel en su vida. ¿Por qué? Porque la bechamel engorda. Y entonces no se puede cocinar. Porque te la comes. Luego ya, obviamente, cambió mi percepción sobre la comida que engorda y la que no engorda. Así que me dispuse a bechamelear mi vida. ¿Problema? que la única bechamel que he cocinado, fue a los 18, cuando vivía en Sevilla y la tuve que pasar por la batidora. ¿Solución? La Mycook. Sobre todo cuando tienes que hacer veinte mil platos más ese fin de semana. Creo que voy al ritmo de necesitar dos congeladores más.

Eso sí: las recetas que vienen en el libro son adecuadísimas cuando luego coges la bechamel, la pones en una fuente con verduras y la pasas al horno para que se termine de cocinar, así que mi amiga Lourdes (¡hola, Lourdes!) me dijo que ella la ponía 10 minutos más de lo que venía en el libro para que no supiera a harina. Yo, lo reconozco, no tengo el paladar tan entrenadísimo. Pero fui probando y descubrí que sí, que con 15 minutos me parecía que estaba más hecha, más contundente y más sabrosa.

Ingredientes:

  • 40 gramos de aceite de oliva
  • 40 gramos de harina de espelta integral
  • 500 mililitros de leche de soja
  • 1/4 cucharadita de sal
  • Pimienta blanca molida
  • Nuez moscada molida

Preparación:

Pon la paleta mezcladora en las cuchillas (lo que en la Thermomix se llama mariposa).

Calienta el aceite a 80º C, durante 1 minuto a velocidad 5.

Añade la harina y tuéstala a 90º C durante 4 minutos a velocidad 5.

Si vas a hacer esta cantidad, que es poca, ten la precaución de parar la máquina y raspar la harina. Porque se queda en la mariposa y luego hará que te sepa a crudo. El truco es procurar que la harina y la grasa que añadas se integren bien. Yo uso aceite, pero se puede añadir margarina o, si sois vegetarianos, mantequilla: claro que yo siempre me preguntaré por qué usar margarina o mantequilla cuando se puede usar aceite de oliva. ¿Cómo sé si se han integrado bien? Porque no hay grumos. No hay bolitas. Eso sí: si no raspáis la harina de las paredes del vaso sí que los habrá. Así que no os saltéis este paso.

Ahora, agrega la leche de soja con la sal y unos toques de pimienta blanca y nuez moscada y programa 15 minutos a 100º C y a velocidad 5.

Ya está lista tu bechamel. Sale oscura porque es de harina integral, pero para qué vamos a usar harina blanca, teniéndola con todos sus nutrientes… Y sí: sabe distinta que la bechamel con harina blanca. Pero está muy rica.

Bechamel de espelta integral en MyCook

Crema de coliflor e hinojo

Me he pasado más tiempo en la cocina este último mes que en toda mi vida. Y lo que antes me parecía un horror (hay que cocinar porque hay que comer), ahora, con una buena ración de música y varias listas de Spotify sonando, me parece muy divertido. A cocinar se le coge el gusto, señores. Y además, yo, que tiendo a cenar siempre lo mismo (es decir, algo que se pueda calentar rápidamente cuando llego de las clases de inglés a las diez y cuarto de la noche desmayadita, con lo cual ganan las hamburguesas por goleada y siempre tengo de varias clases congeladas) necesito de platos de verduras que se hagan rápido, se calienten rápido y se puedan congelar, así que adoro las cremas. Casi tanto como adoro a Miyoko Schinner y a su libro The Now and Zen Epicure.

Ingredientes para 6-8 personas:

  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 1 cebolla en rodajas
  • 2 tallos de apio, sin los hilos y picados
  • 700 gramos de coliflor cortada en trocitos
  • 1 bulbo de hinojo a rodajas (es opcional, pero yo sí se lo puse)
  • 1 cucharada de semillas de hinojo
  • 940 mililitros (4 tazas) de caldo vegetal, si usas el hinojo. Si no lo usas, pon solo 3 tazas, que son 700 mililitros
  • La piel rallada de un limón
  • 1 taza (235 mililitros) de leche de avena (la receta dice de soja, que yo nunca tengo)
  • Sal
  • Pimienta negra

Preparación:

En una cacerola a fuego medio, calienta el aceite. Una vez caliente, añade la cebolla con una pizca de sal y póchala unos cuatro minutos. Luego, agrega el apio y póchalo, junto con la cebolla, 5 minutos más, removiendo de vez en cuando. Agrega ahora la coliflor, el bulbo de hinojo, el caldo, la ralladura de limón y algo de sal (ya rectificarás después). Lleva a ebullición y, cuando hierva, tapa la cacerola y deja cocer a fuego medio-bajo unos 20 minutos. Comprueba que la verdura esté muy blanda. Ahora tienes que batir. Si tienes una batidora de inmersión que puedas usar en la cacerola, la puedes batir directamente. Si tienes una batidora de vaso, espera a que se enfríe un poco y no pongas el tapón: en su lugar, pon un paño encima de la tapadera (el calor hará que el tapón salte por los aires… y el puré acabe en el techo de tu cocina. Sí, me ha ocurrido. Con una sopa de tomate).

Una vez batida, agrega la leche, dale vueltas, calienta un poco y a comer. Está impresionantemente rica, de verdad.

Crema de coliflor e hinojo

Salsa de brócoli para pasta

Supe del libro de Cocina Vegana primero por su editora y luego por una de las autoras, Lucía, de Dime qué comes. Que, además, me lo regaló. No hago reseñas de libros de cocina hasta que no he probado varias de sus recetas. De este he hecho dos: el paté de lentejas, que está exquisito, pero que me quedó líquido (es decir, me quedó más líquido de lo que a mí me gusta, porque a mí me gustan los patés como para enfoscar paredes) y esta salsa de brócoli, que es lo más rico que he probado nunca. Realmente, yo del brócoli soy fan. Me lo como al vapor con un poco de sal y soy feliz. Me pasa lo mismo con el romanesco o con la coliflor. Así que ya haré la reseña cuando haga tres o cuatro recetas más. Adelanto que pienso que es un libro no solo para vegetarianos o veganos, porque los aspectos de nutrición le valen a todo el mundo (la gente no sabe lo que come: así, en general) y porque necesitamos ampliar nuestro recetario de verduras y hortalizas y, sobre todo, necesitamos dejar de cargarnos el planeta aunque sea por un día. Ya lo dijo Isa Chandra Moskowitz, hablando de la cocina vegana: que esperaba que no sonara muy fuerte, pero realmente era la única cocina que está intentando salvar el mundo. Y yo estoy convencida de ello.

Esta receta viene, en el libro, como una receta para rellenar rollitos. Pero yo la usé para pasta (el 90 por ciento de las veces uso pasta integral) y queda absolutamente fabulosa.

Ingredientes para 2 raciones:

  • 250 gramos de floretes de brócoli. El tallo lo podéis usar para una crema o para rallarlo y echarlo en ensaladas o lo que queráis. Los floretes hay que picarlos finos.
  • 1 cucharada (15 mililitros) de aceite de oliva
  • Algo más de 1/4 de cucharadita de sal
  • 1/4 de cucharadita de tomillo
  • 1/4 de cucharadita de nuez moscada
  • 1 cucharada (10 gramos) de almidón de maíz (Maicena)
  • 2 cucharadas (20 gramos) de harina (yo usé harina integral de espelta) y podéis usar también harina sin gluten.
  • 450 mililitros (2 tazas) de leche de soja (en el libro usa de almendra, que yo no tenía)
  • 125 mililitros de leche de soja (1/2 taza) para mezclar con la Maicena

Preparación:

Calienta, en una sartén grande, el aceite a fuego medio-alto. Cuando esté caliente, añade el brócoli y dale unas vueltas. Agrega la sal, el tomillo y la nuez moscada y saltéalo (es decir, hay que remover) unos 3 o 4 minutos. Espolvorea la harina de trigo y remueve bien, hasta que no quede harina visible en el brócoli. Baja un poco el fuego y agrega los 450 mililitros de leche de soja (las dos tazas). No subas el fuego ni nada, déjalo a fuego medio y deja que coja temperatura: hervirá.

Mientras hierve, mezcla la cucharada de Maicena con la leche de soja restante (es decir, con la 1/2 taza, los 125 mililitros) y remueve con una cuchara hasta que no queden grumos.

Una vez que la leche que está en la sartén hierva, añade la mezcla de Maicena y leche que tienes en la taza y remueve. Deja que espese: yo lo tuve algo más de 10 minutos hasta que espesó a mi gusto (que es bastante espesito). Prueba y rectifica de sal.

Si lo quieres más potente, añade pimienta negra y copos de chile o cayena, algo picantito, pero tampoco te pases, que no se trata de quitarle el sabor al brócoli.

Luego, cuece pasta o arroz o úntalo en tostadas para un bocadillo magnífico y p’adentro.

Como todo lo que yo hago en esta vida, se puede congelar.

Salsa de brócoli para pasta

Bechamel de calabacín

Estaba buscando una salsa bechamel para dos coliflores de tres kilos cada una que me llegaron del grupo de consumo y vi esta receta, que todo el mundo llama «bechamel de dieta», en páginas como Velocidad Cuchara o El rincón de Bea, que comenzó como un compendio de recetas saladas y dulces hasta que se dedicó ya de lleno a la repostería americana. Realmente, es una crema espesa de calabacín, pero queda muy rica con verduras al vapor y pasta, por ejemplo, o como aderezo de una lasaña. Me hace gracia que la llamen «bechamel de dieta»: yo le he cambiado el nombre porque estoy en contra de lo que significa, para todo el mundo, la palabra «dieta», que es algo así como comer manzana a media mañana aunque te mueras por un bocadillo, cenar un puré y nada más y comer ensalada y pescado o pollo a la plancha. La bechamel normal también es de «dieta»: solo hay que ajustar el resto de las raciones de hidratos con que la combines y listo. Así que sí: haré bechamel. Con su harina. No con margarina, porque no me veo yo usando margarina para absolutamente nada, sino con aceite de oliva…

Ingredientes:

  • 30 gramos de aceite de oliva
  • 30 gramos de cebolla
  • 600 gramos de calabacines pelados y en rodajas gruesas
  • 200 gramos de leche de avena o de soja, la que queráis
  • 1/4 cucharadita de sal
  • Nuez moscada
  • Pimienta blanca molida

Preparación:

Calienta el aceite 1 minuto, temperatura 100º C y velocidad 2.

Añade la cebolla y el calabacín y cocina 7 minutos, temperatura 100º C y velocidad 1 (es la del sofrito y pica los ingredientes, así que cortaremos la cebolla y el calabacín en trozos grandes).

Agrega la leche de avena, la sal y unos toques de nuez moscada y pimienta blanca. Ponlo 15 minutos a temperatura 100º C y velocidad 5.

Ahora, quita el tapón y pon el cestillo de la Mycook colocado bocabajo encima de la tapadera. Dale unos golpes de turbo para molerlo todo. Ya tienes tu salsa lista para usarla con lo que quieras.

Bechamel de calabacín