Hamburguesa de alubias negras y cacao

Hamburguesa de alubias y cacao

Crecí en un lugar en el que había restaurantes de comida extremeña y española y en el que, de pronto, pusieron un mexicano con comida adaptada al gusto español (no supe, hasta bien mayor, qué eran los chiles anchos o los habaneros) y, luego, mucho más tarde (ya no existe) un restaurante mexicano con un cocinero que había vivido allí, en ese país tan rico y tan complejo en su cocina. Eso lo aprendí casi a los cuarenta. Antes y gracias a ese lugar, supe que se podía añadir cacao a un plato salado.

Estas hamburguesas con de Minimalist Baker. Quedan pastosas, no como las compactas realizadas con soja texturizada y seitán. Y a las hamburguesas más pastosas, hay que meterles salsa. Avisados quedáis. Llevan cacao: las semillas de este árbol fueron utilizadas como moneda por los mayas y otros pueblos mesoamericanos. También llevan las maravillosas alubias negras que tan versátiles son.

Ingredientes para 4 hamburguesas:

  • 1 taza (120 gramos) de nueces peladas
  • 2 o 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 3/4 de taza de cebolla mediana (60 gramos) muy picada
  • 3 dientes de ajo muy picados
  • sal (si has cocido las alubias sin sal, pon 1/2 cucharadita más)
  • pimienta negra
  • 1 cucharada de chile en polvo (yo le puse 1/2 cucharada de especias de guacamole)
  • 1 cucharada de comino en polvo
  • 3 cucharadas de cacao puro en polvo
  • 1 cucharada de azúcar moreno (es opcional: yo no le puse, pero lo cierto es que resalta el sabor umami del cacao: esto es así)
  • 425 gramos de alubias negras cocidas y bien secas. Deja escurrir muy bien y ponlas en una bandeja, sin apelotonar, cubiertas de papel de cocina. Si eres vaga (o vago), como yo, tendrás que añadir pan rallado o avena molida para apelmazar un poco la masa.
  • 1 taza (200 gramos) de quinoa cocida

Preparación:

Pon las nueces en una bandeja de horno a 180º C y tuéstalas durante 10 minutos. Yo, en verano, no enciendo el horno ni aunque me paguen, así que las tosté en una sartén sin grasa y listo. 

Calienta una sartén. Una vez caliente, añade 1 cucharada de aceite de oliva. Cuando esté caliente, agrega la cebolla y el ajo. Sazona con sal y pimienta y deja freír, a fuego medio, removiendo de vez en cuando, de 5 a 7 minutos, para que la cebolla se poche bien. Reserva. 

Deja que las nueces se enfríen ligeramente. Añádelas a un robot de cocina con el chile o las especias de guacamole, el comino, el cacao, una pizca de sal y pimienta y el azúcar, si lo usas. Tritura bien y reserva.

Pon las alubias en un bol y machácalas con un tenedor o un prensador de patatas. Agrega la quinoa, la mezcla de nueces con las especias y la cebolla frita y mezcla bien. Pon la masa en la nevera 30 minutos. Puede estar toda la noche. Así queda más compacta. Si está seca, añade aceite de oliva, de cucharada en cucharada, y si está seca, pan rallado o pan rallado sin gluten o harina de avena (que no es más que avena triturada), también de cucharada en cucharada, integrando todo bien. Ha de estar compacta, pero húmeda a la vez. 

Divide la masa en cuatro y forma cuatro hamburguesas. Las puedes hacer en la sartén, con el aceite restante, de 3 a 5 minutos por cada lado o ponerlas en una bandeja de horno, pinceladas con aceite (forra la bandeja con papel de horno, para que no se peguen) a 180º C durante 15 o 20 minutos por cada lado: cuanto más tiempo las dejes, más firmes estarán. Deja enfriar 3 minutos y sirve. 

Hamburguesa de alubias negras y cacao

Paté de setas y nueces

Paté de setas y nueces
Paté de setas y nueces

Este paté de setas y nueces lo hice también para la comida de Nochebuena. Es de uno de los recetarios que hacía la ONG DefensAnimal, que creo que ha desaparecido o, al menos, que no tiene mucha actividad. Está riquísimo, todo hay que decirlo. Es muy suave y cremoso. Con unos crackers está de impresión (yo los compro integrales y sin ingredientes de origen animal: mirad las etiquetas, porque a veces, en la misma marca, los hacen con y sin). Sí, van a salir muchas recetas navideñas de aquí a una temporada, porque de algo me tiene que servir haberme pasado los días 22 y 23 cocinando (no, no me tocó la lotería. Pero el día de la lotería le leí un mensaje a una compañera del trabajo que dio en el clavo: «Un poco harta de tanto llorón porque no es rico… Nos pasamos la vida mirando al sitio equivocado. Si creéis que no sois afortunados/suertudos, probad a tomaros el pulso. ¡EL TIEMPO es el premio gordo!» Cuánta razón en un estado del Facebook, Palmy.

Ingredientes:

  • 300 gramos de setas variadas, bien limpias y a rodajas. Yo usé gírgolas, champiñones y shiitake.
  • 100 gramos de nueces
  • 1 y 1/2 cebollas picadas en cuadraditos
  • 1 diente de ajo grande picado
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 1/2 cucharadita de sal

Paté de setas y nueces
Paté de setas y nueces

Preparación:

Pon a calentar el aceite en una sartén grande a fuego medio. Agrega la cebolla y sofríela de 3 a 5 minutos. Añade el ajo y sofríe 1 minuto, removiendo. Ahora, echa las setas en la sartén, sube el fuego (si la sartén es de hierro, como es mi caso, con ponerlo a fuego medio siempre, va que chuta) y espera a que se evapore el agua de las setas (tarda unos 10 minutos: de 10 a 15 realmente, pero depende del agua que tengan las setas).

Ahora, bate bien esta mezcla con la sal y las nueces en la batidora o en un robot de cocina. Yo usé la MyCook y así me aseguro de que quede muy cremoso. Se echa todo en la MyCook, se pone el cestillo encima y se bate a velocidad progresiva 7-10 durante 3 minutos.

Luego lo puedes decorar, si quieres, con perejil fresco o pimienta o lo que quieras.

Paté de setas y nueces

Brownie clásico

Brownie de chocolate y café con nueces
Brownie de chocolate y café con nueces

Si a mí hay un postre que me guste en esta vida son los brownies. Calientes. Con helado por encima. Este no era para mí, así que no hay foto del corte ni nada de nada, porque no es plan de regalar un brownie cortado en trozos («es que es para el blog»), así que aquí está, en su moldecito de Wilton y todo. Con tapadera, que es la mejor manera de regalarlo. La receta se hace también con la mezcla para bizcochos de chocolate de Miyoko Schinner. Y con su mantequilla vegana. Aquí va:

Ingredientes:

  • 170 gramos de chocolate negro
  • 100 gramos (1/2 taza) de mantequilla vegana a temperatura ambiente
  • 1 cucharada de semillas de chía molidas
  • 3 cucharadas de agua
  • 340 gramos (2 tazas) de mezcla para bizcochos de chocolate
  • 85 gramos (1/4 taza) de sirope de arce
  • 50 gramos (1/2 taza) de nueces picadas, opcional, pero yo sí le puse, porque un brownie sin nueces es como un jardín sin flores

Brownie de chocolate y café con nueces
Brownie de chocolate y café con nueces

Preparación:

Precalienta el horno a 180º C.

Engrasa un molde cuadrado para brownies, por abajo y por los lados y fórralo con papel de hornear. ¿Por qué lo engrasamos si vamos a poner el papel? Porque cuando no engrasamos, el papel baila. Lo sé, me ha pasado. Así que engrasad bien con mantequilla el molde.

Derrite el chocolate al baño maría junto a la mantequilla. Tienes que poner a hervir agua en un cazo y poner un cacito encima, que quepa en el cazo en el que tienes el agua, sin que el agua toque ni salpique el chocolate. Lo dejas ahí y se va derritiendo. Dale vueltas de vez en cuando. Para que vaya más rápido, puedes cortar el chocolate en trozos pequeños o molerlo incluso.

En un bol pequeño, mezcla la chía con el agua.

Pon la mezcla para bizcochos en un bol grande. Haz un volcán en el centro y añade el chocolate y la mantequilla cuando estén bien derretidos, la chía con el agua y el sirope de arce. Mezcla bien con una cuchara de madera hasta que esté todo integrado. No batas, solo hay que mezclar con una cuchara de madera. Agrega las nueces, remueve bien y pon la mezcla en el molde. Extiéndela como buenamente puedas. Yo lo que hago es humedecer una espátula de silicona y la extiendo así. Dale unos golpecitos suaves al molde contra la encimera y se va colocando la masa, que es bien espesa.

Ahora, hornea 20 minutos. Parecerá seco en la superficie, pero por dentro estará hecho. Si quieres saber si un brownie está hecho, introduce un palillo: ha de salir con pintitas de la masa pegadas: no con chorretones, sino con pintas, lunaritos, un poquito sucio, pero no del todo. Si sale limpio, es que te has pasado y quedará más duro, pero se come igual, ojo. No se tira, que está bien rico.

Deja enfriar unos minutos en el molde y luego pásalo a una rejilla. Cuando se enfríe, ya puedes cortar y servir.

Brownie clásico

Galletas de jengibre y nueces

Y un domingo de calor, el día 4 para ser exactos, 4 de septiembre, a mí se me ocurrió encender el horno.

Esto es calor:

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Julio suele ser un mes malo en Extremadura. Malo de que yo recuerdo noches en que, de la desesperación, me acostaba en el suelo. Me levantaba con la espalda hecha cisco, pero era adolescente y no importaba porque se quitaba a los dos minutos. Ahora eso no puedo hacerlo por razones obvias así que tengo un ventilador. Y aire acondicionado. Pero, como también tengo una paranoia horrible con el ahorro de energía, el aire acondicionado solo lo usan mis gatos los martes. Cuando viene Paqui, que es la mujer que limpia mi casa porque yo me prometí a mí misma no volver a limpiar nunca más, y tengo que encerrar a los gatos en un cuarto. Me da miedo que les dé un jamacuco, así que le digo que ponga el aire. Por eso y para que Paqui no friegue con todo el calorato.

El resto del tiempo, uso el ventilador. Siempre.

Llevamos dos meses y pico de julio. Porque en agosto, a pesar de su mala fama, se podía vivir. Y lo mismo hasta usabas una rebequita, a finales. Pero no. Ahora ni en septiembre. Andamos todos empapados. Te duchas y el pelo no se seca nunca porque sudas otra vez. Ha habido tres días en que se nos ha dado un respiro. Tres días. Yo miro las sábanas y lloro: quiero arroparme con la sábana. Súmale un gato de siete kilos muy guapo y muy hermoso pero muy cariñoso y con mucho pelo que se sube encima de tu cuerpo para darte mucho amor. «Pues quítalo». Pues no, no lo quito, pobrecito. «Es que le tienes muy consentido». Pues sí. Cuando tú tengas gatos, me cuentas.

***

Yo, en mis vacaciones, quería cocinar. Cocinar mucho. Cocinar yuba, que es la piel de la leche de soja (como cuando se forma nata en la leche, pues eso mismo, pero en la leche de soja) y que sirve para hacer muchas cosas, entre ellas, pescado vegano. Que no va saber a pescado, pero lo quiero hacer. Hacer más clases de seitán. Hacer «pechuga de nopollo», de la Myoko. Muchas cosas.

Pues he comido ensaladas, otra vez. Con aguacate. Qué rico, el aguacate.

Y encendí el horno.

Porque una amiga muy amiga está embarazada y tiene unas náuseas de impresión. Así que el médico le dijo que comiera galletas de jengibre en trocitos pequeños por las mañanas. ¿Por qué? Ni idea. Pero me lo comentó, me dijo que las había estado buscando por todos los supermercados de Mérida infructuosamente y yo le dije: «Yo te las hago». «Sin canela». «Sin canela».

A Sandra no le gustan el chocolate ni la canela.

Yo la quiero igual. No la comprendo, pero la quiero mucho.

Me puse a hacer galletas, pues. A 42 grados. Con un par. Porque me sirven para poner algo dulce en el blog, porque en España somos unos gochos y los blogs que triunfan no llevan lechuga, sino cantidades asquerosas de mantequilla, azúcar y harina y huevos y oye, me como una también. Que desde que estoy tan sana que doy asco y me he quitado el azúcar del café (por cierto, lo bien que enmascara el azúcar, oye, y qué café de mierda bebemos en la mayoría de los bares), es que no como dulces salvo en los cumpleaños. Y yo comería dulces a todas horas, por muy insanos que sean.

Así que hice galletas. Le hice estas galletas (y aproveché para actualizar el post con el peso en gramos) y estas otras que voy a poner aquí debajo y que quedan así:

Es decir, quedan cada una de su padre y de su madre, que es como quedan las galletas caseras. Inmensamente ricas, pero irregulares. Y eso que aquí he puesto las más monas.

Se vino un amigo mío que además de ser comunicador audiovisual es cocinero. Pero en la Escuela Superior de Hostelería y Agroturismo de Extremadura no enseñan nada vegano. Los cortes de la carne y el pescado, todos. Las legumbres, poco. Las verduras, de guarnición. Viva la dieta mediterránea, esa que pensamos que seguimos todos y que es sanísima. Del tema que nos ocupa, solo ha hecho una clase de galletas: de mantequilla. Que a ver qué ciencia tienen las galletas de mantequilla, si son las primeras que yo hice y repetí y repetí y repetí porque son hipermegafáciles y con unos moldes salen igualitas. Ya sabéis: la mantequilla y el huevo son imprescindibles y no se pueden replicar…

¡Anda, unas galletas sin huevo!

Por cierto, están tomadas, pero tuneadas, porque ya me atrevo con estas cosas, del Vegan cookies invade your cookie jar.

Ingredientes para unas 24 galletas:

  • 260 gramos (2 tazas) de harina de trigo normal
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/4 cucharadita de nuez moscada molida
  • 130 gramos (2/3 taza) de aceite de girasol alto oleico
  • 150 gramos (2/3 taza) de azúcar blanquilla
  • 100 gramos (3/4 taza) de azúcar moreno
  • 75 mililitros (1/3 taza) de leche vegetal (yo usé de avena)
  • 1 cucharada de semillas de lino molidas
  • 150 gramos de nueces picadas
  • 1 y 1/2 cucharaditas de jengibre molido
  • 2 cucharaditas de extracto de vainilla

Preparación:

Precalienta el horno a 180ºC. Esto lo pone siempre al inicio de todas las recetas de repostería pero, o la gente trabaja muy rápido, o yo soy muy lenta, así que yo precaliento cuando las galletas están a punto de hacerse (es decir, cuando voy a hacer la masa). Prepara dos bandejas con papel de hornear.

En un bol, tamiza, juntos, la harina, el bicarbonato, el jengibre en polvo, la sal y la nuez moscada.

En otro bol o en el vaso de la batidora, bate con varillas el azúcar, el aceite, el azúcar moreno, la leche vegetal y el extracto de vainilla. Cuando esté bien batido, échalo en el bol de la harina y mezcla con una cuchara de madera hasta que no veas harina en la mezcla. Cuando esté casi mezclado del todo, agrega las nueces picadas.

Ahora, forma montoncitos con una cuchara (yo tengo una cuchara expulsora de helado, que viene genial para estas cosas). Separa los montoncitos unos 5 cm. porque se expandirán. Hornea 14 minutos (esto depende de cómo te gusten las galletas: yo unas las dejé 14 y otra tanda 16, porque depende de si te gustan blandas -es decir, gomosas, no blandas como un bizcocho- o duras. A mí me gustan duras, pero a Sandra le gustan blandas y al fin y al cabo, salvo un par que nos comimos para probarlas, se las va a comer ellas.

Se meten en una lata de galletas bien hermética. Y se pueden congelar. Sí. Se congelan envueltitas en papel film, una por una. Para descongelar, se dejan fuera del congelador sin el papel film pero envueltas en papel de cocina para que absorba la humedad. Y quedan de muerte. Sí, he comido galletas congeladas (una vez descongeladas, tampoco soy tan ansia).

Las galletas, recordad, son repostería. Por muy caseras que sean.

Galletas de jengibre y nueces

Batido de manzanas y peras

Manzanas. Peras. Algún político nuestro decía que es que no se podían mezclar. Se refería a los gays. Que ya estaban muy mezclados ellos y lo que reivindicaban era poder casarse. Como decía Herrero Brasas, siempre nos hemos podido casar: si yo soy gay, me puedo casar con una mujer. Pero estaría bien poder casarme con mi pareja, con la que no me lo permite la Ley. Y ahí llegó ella, la del relaxing cup of café con leche, a soltar lo de las peras y las manzanas.

Tenemos unos representantes públicos que no los merecemos.

Ingredientes para 6 raciones proteicas:

  • 3 zanahorias grandes, peladas o raspadas
  • 400 ml de leche de coco, de tetra brik y no de lata
  • 90 gramos de nueces
  • 4 peras pequeñas
  • 2 manzanas dulces
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1/2 cucharadita de mezcla de especias para pastel de calabaza (o una mezcla de canela, clavo de olor, nuez moscada y pimienta de Jamaica: si estás muy perezosa, ponle 1/2 cucharadita de canela y una pizca de nuez moscada)
  • 75 gramos de proteína de arroz, opcional

Preparación:

En el molinillo de café o en un procesador de alimentos pequeño, haz una mantequilla de nueces. Así el batido queda más cremoso, pero si te da igual que la textura sea granulosa, te puedes saltar este paso, picar las nueces y echarlas a la batidora. Pela y pica (y descorazona) las manzanas y las peras y échalas en la batidora también, junto con las zanahorias picadas y todos los ingredientes de la receta. Bate bien y listo.

Batido de manzanas y peras

Batido de pastel de manzana

Con la fruta me pasa como con los pimientos. Ojalá me gustaran. Lo he intentado de todas las maneras, ojo. Compro fruta de muchas clases. Y siempre tengo algo mejor que hacer que comerla, salvo que sean picotas del Jerte. Así que se me estropea. Y luego me da mucha rabia por ser tan poco disciplinada. El problema es que yo tengo una máxima: si no te gusta, no te lo comas. Y con la fruta, incluso con la que me gusta (naranjas, kiwis, todo lo que esté ácido de llorar y te pique en la lengua), no puedo.

Hasta ahora. Los batidos me los bebo con todo el gusto del mundo. Y me encantan. Les pongo hasta plátano, que era una fruta que, nada más olerla me entraban unas irrefrenables ganas de vomitar. Mi compañero Antonio, que se sienta en la mesa de detrás de la mía, come muchos plátanos y yo acabo levantándome hasta que termina. A mí me llegan a decir, a los 40, que yo iba a comprar plátanos y no me lo creo.

Hay quien odia los batidos. Pero porque le gusta la fruta. Suertudos, ellos. Yo voy a poner muchas recetas de batidos: primero, porque en verano me alimento de gazpacho, gazpacho de cerezas, salmorejo de picotas y ensaladas de bolsa. Y porque he descubierto que, si me tomo un megabatido a media mañana, no asalto la máquina de guarrerías varias que tenemos en el trabajo, que no es una sola, sino que hay dos. Y dos de refrescos. Y dos de cafés. Así que a mí me viene muy bien este invento de los batidos. Ahora como fruta que probaba una vez al año. Todos los días. Eso me gusta.

Este batido es mío del todo, así que no hay crédito que otorgarle a nadie… salvo a todas esas personas que le echan de todo a los batidos y entonces tú piensas: esto tiene que quedar bien. Si voy a usar manzanas y nueces, pues también especias, ¿no? Realmente, utilicé una mezcla de especias para pastel de calabaza, que tiene canela, jengibre, ajos y nuez moscada. Y queda riquísimo y con una textura peculiar, medio granulosa. Si lo queréis súper cremoso, batidlo más o añadid las nueces en polvo, que también quedará pelín granuloso pero menos. O haced una mantequilla de nueces (batiendo mucho: yo siempre tengo miedo de que el motor se me funda, aunque vaya parando de tanto en cuanto, así que bato menos de lo que tengo que batir y queda granuloso igual, pero lo mismo vosotros sois más arriesgados)..

Ingredientes para 4 raciones:

  • 3 manzanas. Yo usé de la variedad Ambrosía.
  • 2 cucharaditas de jengibre fresco rallado
  • 230 ml de leche de almendras sin azúcares añadidos
  • 1/2 cucharadita de mezcla de especias para pastel de calabaza (o una mezcla casera de canela, jengibre en polvo, clavos de olor molidos y nuez moscada)
  • 1 dátil Medjoul deshuesado
  • 60 gramos de nueces
  • 50 ml de zumo de limón
  • 50 gramos de proteína de arroz

Preparación:

Se bate todo hasta que tenga textura de batido. Yo lo hice en la MyCook, primero 40 segundos a velocidad progresiva 7-10. Luego, 30 segundos más a velocidad 10, después de haber raspado las paredes para integrarlo todo.

Tened en cuenta que la potencia de la máquina calienta el batido, así que si lo hacéis para tomarlo ya mismo, pues añadid cuatro o cinco cubitos de hielo mientras batís, pero tampoco batáis mucho, porque se calienta igual…

Sabe a pastel. Y la canela es afrodísiaca. Eso dicen.

Batido de pastel de manzana

Albóndigas

Mis primeras albóndigas. Y además tienen pinta de albóndigas. Que no se diga. Y textura de albóndigas. Y están tremendas.

Se pueden usar como las albóndigas normales; es decir, solas o con salsa de tomate (casera mejor: mi favorita es esta, pero también tenemos esta otra y esta otra. La especiada creo que está demasiado especiada (a ver: hay gente que la ha probado y dice que le encanta: a mí la salsa de tomate me gusta espesísima, primero, y luego que sepa solo a tomate, nada más. Si acaso, un poco de orégano. Pero cuando pica, ya me echa para atrás). Midiendo la masa con una cuchara de helado me salieron 29 albóndigas justas, pero esto, como todo, depende de cómo las hagáis. Yo las hice tamaño albóndiga, no tamaño pelota de fútbol. Si las hacéis más grandes, habrá que ponerlas más tiempo en el horno.

Porque esta receta lleva horno. Habréis visto pocas recetas así en el blog… porque el horno se me estropeó, así que he estado meses y meses sin utilizarlo. Y eso que es uno de mis electrodomésticos favoritos. Sí, gasta electricidad, qué se le va a hacer. Pero yo no lo noto mucho en la factura cuando le meto tralla, la verdad. La receta es de The Homemade Vegan Pantry, que se está transformando en uno de mis libros favoritos. Sin duda.

Ingredientes para 29 albóndigas, hechas con una cuchara de helado que mide 1 cucharada:

  • 1 cebolla muy picada (hazlo con un procesador de alimentos, o picadora, si tienes)
  • Aceite de oliva para saltear las cebollas
  • 225 gramos de champiñones, limpios y en cuartos
  • 2 cucharadas de tamari o salsa de soja (si eres celíaco, tamari)
  • 1 cucharada de miso de garbanzos o miso blanco
  • 2 tazas de arroz integral cocido (es decir, 280 gramos de arroz ya cocido: el peso es del arroz cocido, no seco y cocido después)
  • 1 taza de lentejas cocidas (190 gramos)
  • 1/4 taza (70 gramos) de tomate concentrado
  • 3 cucharadas (15 gramos) de levadura nutricional
  • De 4 a 6 dientes de ajo muy picados
  • 1 y 1/2 cucharaditas de albahaca seca
  • 1 cucharadita de romero fresco picado o 1/2 cucharadita de romero seco
  • 1/2 taza de avena en copos (60 gramos). Si eres celíaco, que no tengan gluten.
  • 1 taza de nueces molidas o 1 y 1/2 tazas de pan rallado. Si eres celíaco, sin gluten o nueces. Yo usé pan rallado y son 210 gramos.
  • Si usas pan rallado, 2 o 3 cucharadas de agua. Yo eché 3, que son 45 mililitros.

Preparación:

Precalienta el horno a 180º C y prepara dos bandejas forradas con papel de horno.

Calienta una sartén a fuego medio y saltea las cebollas, o en seco o con un poco de aceite. Yo eché una cucharada de aceite. Hazlo hasta que comiencen a pegarse un poquito (algo más de 10 minutos). Ten preparado un vaso de agua con una cuchara dentro para ir echando después cucharadas de agua y evitar que se pegue todo a la sartén. Si te hace falta, añade un pelín de agua.

Mientras las cebollas se hacen, pica muy menudos los champiñones en una picadora o procesador de alimentos. No quieres hacer un puré, pero sí dejarlos con la textura de la carne picada.

Cuando las cebollas estén, agrega los champiñones bien picados y saltea hasta que pierdan el agua (serán unos 7 minutos o más, depende). Agrega la salsa de soja y el miso, remueve y aparta del fuego.

Ponlo todo en un bol grande. Añade el arroz cocido y las lentejas y mezcla muy bien. Incorpora el tomate concentrado, la levadura nutricional, el romero y la albahaca y los ajos picados.

Ahora, en una picadora o procesador de alimentos, pica la avena. No quieres transformarla en harina, solo romperla un poco.

Ahora, decide si quieres usar nueces o pan rallado. Las nueces hay que transformarlas en harina. Yo usé pan rallado. Da una textura muy tradicional, el pan rallado, aunque también las probaré con nueces, porque nunca voy a desdeñar ningún plato con nueces. Pero el pan rallado me venía más a mano y no tenía que molerlo ni nada. Cuando llevas cocinando todo el día, lo cómodo gusta mucho. Si usas pan rallado, rocíalo con el agua para humedecerlo. Echa o las nueces o el pan rallado al bol y mezcla muy bien, amasando, con las manos. La mejor manera es apretar la masa como cuando cogías un pegote grande de plastilina y lo querías deshacer. Cerrando el puño. Así. Cuando esté toda la masa bien amalgamada, coge una cuchara de helado (o una normal) y haz bolas del mismo tamaño (mi cuchara mide 1 cucharada americana) y ponlas en la bandeja de hornear.

Hornea de 30 a 35 minutos, saca y ya están listas para utilizarlas como quieras. Se pueden comer así tal cual o añadirles salsa.

Hay una salsa de tomate con almendras que hace la madre de una amiga mía para las albóndigas y que tengo que encontrar pero ya. Si me acuerdo qué madre de qué amiga las hacía…

Albóndigas

Pilaf de quinoa

Escribo esto en el Jazz Bar de Mérida, después de salir de un ensayo de inglés, diez días antes de que se publique y ocho después de que yo haya leído la segunda estrofa de este poema de Robert Frost que no me resisto a copiar aquí enterito.

Whose woods these are I think I know

His house is in the village though;

He will not see me stopping here

To watch his woods fill up with snow.

My little horse must think it queer

To stop without a farmhouse near

Between the woods and frozen lake

The darkest evening of the year

He gives his harness bells a shake

To ask if there is some mistake.

The only other sound’s the sweep

Of easy wind and downy flake.

The woods are lovely, dark and deep,

But I have promises to keep.

And miles to go before I sleep,

And miles to go before I sleep.

No, no habla de comida. Pero da igual: es tan bonito, tan musical, tan todo… Por Youtube hay un sinfín de recitados, que bien se puede poner uno mientras hace este pilaf de quinoa. Ya sabemos que el pilaf es una manera de cocinar el arroz, pero como la quinoa se usa también para hacer risottos (o quinottos), pues ya está: pilaf de quinoa. En olla rápida, que tarda un minuto. Aunque luego hay que dejarlo unos minutitos más para que se absorba el líquido, con cuidado de que no se queme. La receta es de Vegan Pressure Cooking.

Ingredientes para 4 raciones:

  • 180 gramos de quinoa
  • 1 cucharadita de aceite de nuez (o de oliva: yo usé de nuez)
  • 80 gramos de cebolla roja picada (yo usé cebolla de la normal, porque no tenía roja)
  • 130 gramos de zanahorias en cubos
  • 360 mililitros de caldo vegetal
  • 1/2 cucharadita de perejil seco
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 60 gramos de nueces picadas
  • Perejil fresco para decorar (a mí la decoración se me olvidó: en fin)

Preparación:

Enjuaga y escurre la quinoa.

En la olla, sin tapar, calienta el aceite a fuego medio y saltea la cebolla con la zanahoria durante unos 3 minutos. Agrega el caldo vegetal, el perejil, la sal, el tomillo y la quinoa. Remueve.

Tapa la olla. Lleva a ebullición a alta presión (en mi olla es el 2). Cuece de 3 a 5 minutos: en la receta original pone 1, pero con 1 no se hace la quinoa. Deja que el vapor salga sin forzar; esto es, apartando la olla del fuego. Si ves que a los 10 minutos la válvula no ha bajado (sí, pon el temporizador: de verdad), quita el vapor con la válvula y abre la olla. Si no lo haces así, luego ni Hulk va a poder abrir la olla. Bueno, también puedes leer el libro de instrucciones, porque normalmente lo que pasa es que se obstruye la válvula de presión de seguridad.

Si ves que queda algo de líquido, sabrás que es mejor así que no que se te pegue la quinoa al fondo de la tapa. Como el interior de la olla está muy caliente, vuelve a ponerla al fuego y espera a que la mayoría del líquido se absorba. Puede ocurrir también que tu quinoa sea muy rápida, y que se te pegue un poco al fondo de la olla, pero generalmente con estos tiempos esto no pasa. Luego ya puedes añadir las nueces picadas y el perejil fresco y servir.

Y uno come tranquilamente, descansa un poco y puede leer a Robert Frost.

Pilaf de quinoa

Tarator

En verano (hemos tenido días de 35 grados, señores), a mí no me apetece cocinar. Pero es que ni hervirme una triste pasta, oigan. Yo lo que quiero es sacar botes y botes del congelador, darles unos meneos y p’adentro. Me alimentaría de gazpachos y sopas frías, así que aquí ando, buscando recetas de cosas bebibles, con muchas verduras y frutas también, que no impliquen encender ningún fuego y que se hagan en varios minutos, porque hasta venir cargada con la compra es un suplicio. Nota mental: necesito un carrito.

Esta receta es del libro que viene con MyCook, tal cual. Como aquí la MyCook actúa como una batidora, si no tenéis ni MyCook ni Thermomix, se trata de meter todos los ingredientes en la batidora de vaso y darle caña. Ya está. Si vuestra batidora no es potente para las nueces, picadlas antes.

Esta sopa es un plato típico, el plato más típico creo yo, de Bulgaria. La receta tradicional, para que la adaptéis a vuestro gusto, está aquí.

Ingredientes para 4 raciones:

  • 6 yogures de soja o tipo griego si sois vegetarianos
  • 420 gramos de agua
  • 450 de pepino pelado
  • 50 gramos de nueces peladas
  • 4 dientes de ajo sin el germen
  • 1/2 cucharadita de sal
  • pimienta negra al gusto
  • 2 cucharaditas de eneldo seco

Preparación:

En MyCook es muy fácil. En el vaso se ponen los ajos, el yogur y el agua y se bate 1 minuto a velocidad 7.

Luego se añaden el pepino, las nueces, la sal, la pimienta y el eneldo y se bate durante 1 minuto a velocidad 4.

Así queda con muchos grumos: es decir, no queda una sopa fría tipo gazpacho, sino con tropezones. Pero yo odio los tropezones y me gustan este tipo de sopas lo más molidas posibles, así que luego pulsé 3 minutos a velocidad 7 y listo.

Se congela muy bien. Luego hay que agitar el bote como si estuvierais tocando las maracas para que se integre todo. Siempre queda el recurso de sacar la batidora y darle unos toques, pero yo estoy vaga hasta para eso…

Tarator

Pasta con champiñones y setas shiitake

Generalmente, lo que hago cuando me quedo un fin de semana en casa, es cocinar como una loca, llenar tuppers y tirar de esa comida las tres semanas siguientes. Repito algunas recetas. Entre ellas, la del ragú de seitán, que me tiene completamente enamorada y loca y que me parece una de las cosas más exquisitas que he comido jamás. Desde que cocino más seguido, me he dado cuenta de que, lo que antes tardaba en preparar siglos y me parecía una pérdida de tiempo considerable (sí, a mí lo que me gusta es apoltronarme en el sillón para ver series en versión original y leer. Y no me da tiempo a todo), ahora pienso: «Pero si se tarda poquísimo». Por ejemplo, la salsa de tomate casera. Sigo ensuciando todos los cacharros de la cocina cuando me pongo, pero eso es algo que no sé si remediaré algún día.

Esta receta está sacada del libro Big Vegan, de Robin Asbell.

Ingredientes para 3 raciones de las mías:

  • 2 pequeños champiñones secos de cualquier variedad
  • 2 cucharadas de harina normal
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 240 gramos de seitán (usé seitán con coriandro) cortado en rodajas finas
  • 75 gramos de setas shiitake frescas en rodajas finas (yo usé setas shiitake deshidratadas, que compré hace siglos en una tienda de productos orientales: se ponen en remojo una hora y se usan)
  • 2 dientes de ajo picados
  • 360 mililitros de leche vegetal
  • 60 mililitros de vino blanco
  • 1 cucharada de pasta de tomate
  • 1 cucharada de levadura de cerveza
  • 1 cucharadita de miso blanco
  • Una pizca de nuez moscada molida
  • Una pizca de cayena molida
  • Una pizca de cúrcuma molida
  • 15 gramos de perejil fresco o albahaca
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 225 gramos de champiñones en rodajas finas
  • 180 gramos de pasta
  • 30 gramos de nueces picadas tostadas (yo no le puse en esta ocasión, pero alguna vez cuando lo he descongelado he añadido un par de nueces)

Preparación:

Pon una olla con agua a hervir. En un molinillo de café, ralla los champiñones secos hasta que se hagan polvo. Ponlos en un bol pequeño y agrega la harina. Reserva.

Calienta el aceite en un cazo a fuego medio-alto. Agrega el seitán y las setas shiitake y remueve hasta que se doren un poco. Agrega ahora el ajo. Cuando comience a chisporrotear, espolvorea la harina mezclada con las setas secas en polvo y remueve bien. Remueve siempre hasta que la mezcla desprenda olor. Lo que observarás será que el seitán se reboza y se pone más crujiente. Cuando no quede harina ya en la sartén, porque la haya absorbido el seitán, está listo. Aparta del fuego.

Mientras el agua hierve, bate juntos la leche, el vino, el miso, la pasta de tomate, la levadura de cerveza, la nuez moscada, la cayena y la cúrcuma. Agrega 1/4 de líquido al cazo donde tienes el seitán y las setas y mezcla bien. Continúa añadiendo la mezcla poco a poco, removiendo en cada adición, hasta que todo esté mezclado. Agrega el perejil (sí, a mí se me olvidó) y la sal y mantén caliente a fuego bajo.

Calienta una sartén a fuego alto. Yo uso una sartén de hierro. Cuando esté caliente, añade aceite en spray y agrega los champiñones. Remueve hasta que se reduzcan.

Ya debe de estar hirviendo el agua, así que cuece la pasta según las instrucciones del fabricante hasta que esté lista.

Sirve la pasta con la salsa caliente, los champiñones y las nueces por encima.

Pasta con champiñones y setas shiitake