Salsa de calabaza

Qué bonitas son las relaciones y qué complicadas a veces. Cuántos malentendidos, cuántas medias historias, cuánto ir a tientas, sin saber si puedes preguntar, si no puedes preguntar, si molestarás, si no molestarás, si lo mismo esta manera tuya de escribir en WhatsApp (sujeto, verbo, predicado, frases cortas) parece demasiado borde, como te han dicho ya más veces de las que puedes recordar.

Y, sin embargo, siempre pienso que las cosas (todas) deberían ser más fáciles. Hablar, hablar, hablar, confiar, ir construyendo cierto tipo de intimidad, ahora contamos esto, ahora lo otro, preguntamos, aclaramos, afianzamos, seguimos. Generalmente, a mí se me da bien. Supongo que porque mi círculo está más que hecho… y porque, realmente, a mí la gente me fascina desde que era pequeña. Me fascina el comportamiento humano (esta frase se la he robado a Manuel García Tabuyo) y el hecho de que, como decía Dickens, todos estemos hechos de tal forma que siempre seamos un secreto y un misterio para cada uno de nuestros semejantes.

Dickens también lo dijo todo, como Shakespeare. O quizá no, pero yo amo a Dickens.

¿Se hubiera comido esta salsa con pasta de guisantes, Dickens? Voto sí. (Lo sé: tengo una manera extraña de introducir las recetas). Está sacada de From Pantry to Plate, de Heather Crosby.

Ingredientes para de 2 a 4 raciones:

  • 120 ml (1/2 taza) de agua
  • 2 cucharaditas de aceite de oliva + 1 cucharada de aceite de oliva para freír
  • 300 gramos (2 tazas) de calabaza a cuadraditos
  • 40 gramos (1/4 de taza) de cebolla salteada
  • 1 cucharadita de vinagre de sidra o de manzana (yo le puse de manzana porque el de sidra se me había acabado)
  • 1 cucharadita de sal fina
  • 65 gramos (1/2 taza) de anacardos puestos a remojo cuatro horas si tu batidora no es muy potente
  • 1/4 cucharadita de pimentón de La Vera dulce o agridulce
  • 25 gramos (2 cucharadas de piñones tostados)
  • Piñones tostados para decorar, si queréis

Preparación:

Puedes asar, freír o cocer la calabaza al vapor. Yo opté por freírla, porque total, como hay que saltear una poquita de cebolla, para qué hacerlo por partes cuando puedes tenerlo todo junto. Y porque no enciendo el horno si no tengo que hacer más platos en él (o eso pretendo, que luego me dan las tantas en la cocina y solo hago hamburguesas o coliflor en filetes). Calienta una sartén grande a fuego medio, echa una cucharada de aceite de oliva, calienta el aceite, echa la calabaza y póchala durante 20 minutos. Luego, añade la cebolla y saltea 5 minutos más.

Pon en el vaso de una batidora (yo usé una normal y corriente, de las de brazo de toda la vida) el agua, los anacardos escurridos y enjuagados, el contenido de la sartén (es decir, la calabaza y la cebolla), las 2 cucharaditas de aceite, el pimentón, el vinagre de sidra y los piñones. Ahora, bate.

Queda muy espesa. Depende de para lo que la quieras, la querrás más líquida. Yo, como ya habéis visto, la quería para pasta de legumbres (de guisantes, en este caso) y añadí más agua. Ve batiendo y agrega agua, de 60 ml (1/4 taza) en 60 ml, mientras bates, hasta que tenga la consistencia que tú quieres.

La puedes usar con cualquier cereal (me refiero a arroz, bulgur, pasta de trigo o espelta y esas cosas), con legumbres, como salsa para soja texturizada en cubitos o filetes o como salsa para unas verduras al vapor.

Y está riquísima.

Salsa de calabaza

Satay indonesio de berenjenas

Tofu. El tofu del Aldi es una cosa tremenda que está hecha con sales de calcio y que, además, no hay que prensar ni una mijita. El problema del Aldi es que está a 20 minutos andando de mi casa y no tengo coche, así que, cada vez que voy, procuro comprar pocas cosas para no venir cargando con el carro a reventar. Pero yo me lo llevaría todo. Bueno, todo no, porque ya no compro alimentos procesados (salvo los poco procesados, que para mí no cuentan: el aceite de oliva está procesado, pongo como ejemplo. La pasta también. Y la soja texturizada). Lo que siempre me traigo es todo el tofu que vea en la balda. Cinco o seis paquetes de golpe. Los meto en el frigorífico con la fecha de caducidad frente a mí… y luego me los he comido caducados de un mes y todo. Pero yo miro la fecha para cocinarlo antes. Como ahora.

Esta receta es de The Happy Pear. Tengo su libro (el amarillo, no el azul) que no es vegano, porque usan huevos y miel en algunas recetas. Pero casi todas son veganas. Las de dulces no, pero no hago casi repostería, a la vista está (no por falta de ganas: yo ya sé que son calorías vacías y tal, pero a mí un bizcocho es que me alegra la vida). Y hay curries para parar un tren. Como yo de curry ya me puse hasta atrás y no quiero verlo demasiado (salvo en este tofu) hasta la Navidad al menos, que haré un plato hindú al que ya le he echado el ojo, busqué un plato indonesio. Y esto es laborioso, oigan, pero está muy rico. Aprovechando que había encendido el horno para el brócoli de este puré, metí ahí el tofu también y las berenjenas. Como solo tengo una fuente de horno grande que seguía caliente y me da miedo meterla en agua fría, es que ni la lavé. Yo estas cosas no debería confesarlas. Nota mental: comprar un par de fuentes de horno más de las grandes, que pequeña tengo una.

Ahora que lo pienso, con la pereza que me da a mí encender el horno… Y no sé por qué, porque total, lo pones todo en una fuente, lo dejas ahí, pones el temporizador y te olvidas.

Esto se puede tomar tal cual o mezclarlo con arroz (integral, por favor. Sí, el blanco coge mejor las salsas. Pero el blanco es comida basura. O eso dice mi Pablo Zumaquero de mi alma. Y yo le creo. Y además el integral está muy rico hasta sin sal. Lo sé, lo he comido. Tiene sabor. Potente, además. Tiene varias clases de verduras (col, judías verdes, zanahoria, cebolla, ajo…) y tofu y mantequilla de cacahuetes, así que aquí hay proteína de calidad, señores. La mantequilla de cacahuete la compro en polvo. Me lo dijo Lucía y le hice caso porque yo no la uso mucho y se me enranciaba. Además, esta mantequilla en polvo solo tiene cacahuetes, no tiene aceite de palma, que es la mierda más grande que ha parido madre. No en cuestión de salud, que eso no podría ponerlo en pie ni explicar por qué las grasas tales y pascuales son malas malísimas: en cuestión medioambiental. Es barato, la industria alimentaria está enamorada de él y deforesta y mata animales a mansalva, sobre todo orangutanes.

Buscad una mañanita tranquila para hacer esta receta (tampoco se tarda tanto, ojo), que está bien rica.

Ingredientes para 6 raciones:

  • 3 berenjenas
  • 2 zanahorias
  • 200 gramos de judías verdes, sin los extremos y picadas en trozos del tamaño de un bocado, bien limpias
  • 2 cebollas
  • 0,5 cm. de jengibre fresco pelado
  • 3 dientes de ajo
  • 4 cucharadas de salsa de soja
  • 100 ml de zumo de naranja (el zumo de una naranja de zumo)
  • 1 cucharadita de jengibre en polvo
  • 400 gramos de tofu cortado en bastoncitos
  • 5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • sal
  • pimienta negra
  • 4 cucharadas de mantequilla de cacahuete
  • 2 cucharadas de vinagre de manzana
  • 2 cucharadas de sirope de agave o de arce
  • 1/4 de col blanca grandecita
  • Un manojo de cilantro fresco para decorar, opcional
  • Frutos secos picados para decorar, opcional

Preparación:

Precalienta el horno a 200ºC. Corta las berenjenas, con la piel y lavadas, en trozos del tamaño de un bocado y las zanahorias en rodajas medianas. Pela y corta a rodajas finas la cebolla. Pica finos el jengibre fresco y el ajo.

Pon la salsa de soja, el zumo de naranja y el jengibre en polvo (no el fresco) en un bol y remuévelo. Pon el tofu ahí para que se cubra bien: pásalo a una bandeja de horno y hornea 25 minutos.

Pon las berenjenas en un bol y agrega 3 cucharadas de aceite. Remuévelas con las manos bien limpias para que se impregnen bien, agrega una pizca de sal y extiéndelas en una bandeja de horno. Ásalas hasta que estén bien doradas y no quede ninguna cruda, de 30 a 40 minutos.

Lleva, mientras tanto, un cacito con agua a ebullición. Añade las zanahorias y cuécelas 5 minutos. Agrega las judías verdes y cuece 2 o 3 minutos. Escurre y enfría bajo el grifo. Luego se cocerán más. Reserva.

Pon las restantes 2 cucharadas de aceite en una olla grande. Cuando el aceite esté caliente, baja el fuego, agrega la cebolla y saltea 5 minutos, removiendo de vez en cuando. Añade el ajo y el jengibre fresco y cocina 3 minutos más. Remueve de vez en cuando también. Si la mezcla se queda muy seca, agrega un poco de agua caliente (de cucharadita en cucharadita, no medio vaso).

En un bol, bate la mantequilla de cacahuete, el vinagre, el sirope de arce o de agave y 350 ml de agua caliente. Añádelo a la olla junto con el tofu y las berenjenas asadas, porque ya deberías de haberlos sacado del horno los dos. Ten cuidado de no quemarte: usa siempre paños para coger las fuentes de horno.

Mezcla bien. Lleva a ebullición, baja el fuego y cuece 10 minutos lentamente. Si la salsa se espesa mucho, agrega agua.

Prueba y sazona con sal y pimienta. Mientras tanto, corta la col bien limpia en trocitos y agrégalos a la olla cuando pasen esos 10 minutos, junto con las judías verdes y las zanahorias. Cuece 5 minutos o hasta que las judías estén a tu gusto.

Si quieres, agrega cilantro fresco picado y frutos secos (sin freír y sin sal, pero los puedes tostar unos minutos en una sartén sin grasa) y sirve.

Está muy rico.

Satay indonesio de berenjenas

Salmorejo de cerezas

Flor de cerezo en Piornal

Que en Extremadura tenemos las mejores cerezas del mundo es algo que espero que todo el mundo sepa ya a estas alturas. No son cerezas, de todos modos. Bueno, sí lo son: son picotas. Todas las picotas son cerezas, pero no todas las cerezas son picotas. Del Jerte. Nacen de esa flor preciosa (Piornal es un pueblo de Cáceres, donde se celebra el Jarramplas. Supongo que esta entrada hay que leerla escuchando esta canción:

Yo me la pongo todos los 20 de enero. En bucle.

Pero ahora es julio y es tiempo de picotas. La Denominación de Origen de la cereza del Jerte se puso en contacto conmigo para invitarme a una charla en Madrid. Les dije que soy fan (nunca compro otras cerezas) y fueron tan amables de enviarme una caja.

Caja de picotas. El mejor regalo del mundo.

Las picotas son redondas, gorditas y crujen. Y son muy rojas, rojísimas. Oscuras. Y crujen. ¿He dicho que crujen? Pues crujen.

Picotas del Jerte

Y son mi fruta favorita. Más que cualquier otra. Mucho más que cualquier otra.

Así que, como hago todo en esta vida con cerezas cuando llega la temporada («todo» es gazpacho, que es la base de mi alimentación a 42 grados a la sombra) y en un restaurante probé salmorejo de cerezas, con las cerezas estas congeladas, que tienen muy buen color, pero no mucho más, hice salmorejo de picotas. Nunca había hecho salmorejo. Es un poco atípico, porque uso pan rallado. Yo pan normal en casa no tengo. Y menos aún paciencia para esperar a que se ponga duro.

Ingredientes para 5 raciones:

  • 300 gramos de picotas del Jerte, pesadas con hueso
  • 600 gramos de tomates
  • 120 gramos de pan rallado
  • 1 ajo
  • 50 ml de aceite de oliva (yo, también D.O. Monterrubio de la Serena)
  • Vinagre para servir (cualquiera, pero yo uso de manzana).

Preparación:

No echo vinagre en el salmorejo porque lo congelo y con vinagre congela mal. Eso, para empezar. Para seguir, deshueso las cerezas con un deshuesador y las voy echando en la MyCook (una batidora potente también sirve). Pelo los tomates, los pico en cuartos y los echo también en la MyCook. Añado el diente de ajo sin el germen y pelado. Bato 4 minutos a velocidad progresiva 7-10.

En un bol, echo el pan rallado. Añado el contenido del vaso de la MyCook. Lo remuevo y lo vuelvo a echar de nuevo. Ahora lo pongo 1 minuto a velocidad 7-10 y ya está listo.

¿Por qué lo hago así? Porque la primera vez que hice salmorejo, creo que eché mucho pan y aquello por poco no me quema el motor. Así que ahora lo hago con mucho más cuidado: total, se tarda menos de 10 minutos.

La fuente que veis me la regalaron mis amigos (amigos que, además, son compañeros de trabajo) por mi cumpleaños. Es de Villeroy & Boch y estoy completamente enamorada de ella. Qué cosa más bonita. Ellos también son muy bonitos. Y tienen muy buen gusto, como podéis comprobar.

Repartidlo en tuppers y guardadlo en el congelador. Para servir, chorrito de vinagre. Porque, si se congela con vinagre y luego se descongela, solo sabe a vinagre. Cuando se descongele, siempre en el frigorífico, se le da unas vueltas con una cuchara y ya se puede comer.

Simple como el mecanismo de un chupe y exquisito.

Salmorejo de cerezas

Ketchup casero

Sí, señores. Esto es ketchup. Se hace en cinco minutos de reloj. Lleva azúcar. Es ketchup, al fin y al cabo. Lleva los mismos ingredientes, más o menos, que el ketchup que podamos comprar por ahí (el de Heinz, además de esto, lleva extractos de hierbas y especias) y sabe a ketchup. Y yo he decidido comprar la menor cantidad posible de productos industriales (creo que voy en camino de hacer mi propia pasta y todo, un año de estos), así que aquí va esta receta súper mega fácil que está extraída tal cual de The Homemade Vegan Pantry, que es un libro que considero imprescindible, como todos los de la señora Miyoko Schinner.

Ingredientes para 600 gramos de ketchup:

  • 2 latas de 170 gramos cada una de tomate concentrado
  • 2/3 de taza (145 mililitros) de agua
  • 1/3 de taza (75 gramos) de vinagre de manzana
  • 1/4 de taza (45 gramos) de azúcar
  • 2 cucharaditas de sal

Preparación:

Esto no tiene ciencia ninguna. Se mezcla todo en un bol, se remueve bien con una cuchara para que se disuelva el azúcar y se guarda en un tarro bien tapado en el frigorífico. Dura dos meses. Tenéis tiempo más que suficiente de comerlo. Pero si no os lo vais a comer, también se puede congelar. Luego se descongela en el frigorífico, se vuelve a remover y listo. Ya tenemos ketchup. Casero, fácil y rápido.

Variaciones:

Con sirope de arce.- Sustituye el vinagre de manzana por vinagre balsámico y el azúcar por sirope de arce, todo en la misma cantidad.

Ketchup español.- Sustituye el vinagre de manzana por vinagre de vino tinto o vino blanco. Añade 1 cucharadita de ajo en polvo y 1 cucharadita de cebolla en polvo. Luego, pica bien algunas aceitunas y añádelas a la mezcla.

Ketchup mexicano.- Agrega un pimiento chipotle finamente picado, 1/2 cucharadita de ajo en polvo y 1 cucharadita de comino molido.

Tu propio ketchup:

Hay infinitas posibilidades. La base es siempre la misma:

  • Usa tomate concentrado
  • Usa algún tipo de vinagre: prueba con vinagre balsámico, con vinagre de vino tinto o blanco, con vinagre aromatizado con frutas, con vinagre de jerez o vinagre de arroz…
  • Usa un endulzante: azúcar, sirope de agave, sirope de arce, dátiles Medjoul hidratados en agua y batidos, azúcar de coco…
  • Usa sal de cualquier tipo: eso sí, ha de ser fina, porque, de otro modo, no se disolverá. Pero las hay ahumadas o con sabores.
  • Añade un toque de humo líquido también.
  • Usa especias. Por ejemplo, algo de mostaza en polvo, un pelín de cayena…
  • Agrega unas gotas de extracto de vainilla.
  • Echa ingredientes que te gusten, como alguna hierba (orégano, por ejemplo), siempre con moderación, solo un toquecito. También puedes usar aceitunas, un poco de ajo picado… Tú decides si lo bates todo con una batidora o lo dejas con tropezones.
Ketchup casero

Puré de brócoli

simbolo_2Esta receta, tal cual, es del libro Keep it Vegan. Es brócoli puro. ¿Problema? Que yo veo algo verde y creo que es puré de calabacín, así que me extraña que sepa a brócoli. ¿Solución? Tunearlo como queráis. Levadura de cerveza, un poquito de picante, un chorrito de zumo de limón… Así lo he hecho yo, de varias maneras, y cada vez he tenido un entrante de sopa distinto. También le podéis poner frutos secos tostados y picados o unos picatostes.

Ingredientes para 4 raciones

  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 1 cebolla pequeña finamente picada
  • 1 tallo de apio sin los hilos finamente picado
  • Unos 500 gramos de brócoli, con las flores y los tallos picados
  • 1 cucharadita escasa de vinagre de manzana
  • 1 cucharadita de caldo vegetal en polvo
  • 65 gramos de leche de soja
  • Agua hirviendo (pon un cazo grande)

Preparación:

No te olvides de poner agua a hervir. Calienta el aceite en una cacerola grandecita. Agrega la cebolla y el apio, además de los tallos de brócoli y sazona con sal y pimienta. Agrega el vinagre y deja que las verduras se hagan unos 5 o 7 minutos, removiendo de vez en cuando.

Añade las flores de brócoli y la suficiente agua hirviendo como para que lo tape, pero no demasiada más (ten en cuenta que luego tendrás que batirlo todo). Hierve unos 5 minutos. Echa el caldo en polvo y remueve. Ve comprobando si el brócoli está tierno, porque un brócoli sobrecocinado está asqueroso. Pero vamos, te llevará unos 5 minutos. Usa una batidora de inmersión (que se pueda meter en la cazuela) o espera a que se enfríe para batirlo. Queda granuloso, así que yo usé la Mycook, porque a mí los purés con tropezones es que me dan un asco tremendo.

Vuelve a poner el puré en la cazuela, añade la leche de soja, calienta un poco y sirve.

Puré de brócoli

Bizcocho vegano de chocolate

Chocolate Love Cake es el nombre original de este bizcocho. Es negro negro, no es dulce, tiene el puntito amargo del chocolate y es jugoso hasta decir basta. Fue el primero que voló de los tres que hice el 25 de junio para llevarlos al día siguiente al trabajo. Cumplía 37.

Sticky Fingers’ Sweets es un libro de la Sticky Fingers’ Bakery, una pastelería vegana que comanda Doron Petersan. Yo, que soy adicta a los libros americanos de cocina (bien editados, bien planteados, con recetas sólidas que no fallan) me lo compré enseguida. No sé para qué, porque estoy a dieta y me quedan 15 kilos por perder, que después de la cantidad de bizcocho que comí más bien serán unos 17.  Sí: hice bizcochos. Hasta la una de la mañana horneando bizcochos. En Extremadura. Con este calor. Con lo bien que me podría haber ido yo a una pastelería. Hice tres bizcochos, pero dos no eran veganos y no los voy a colgar aquí… Más que nada porque pretendo repetirlos pero en su versión vegana. El problema es que, salvo en algún macrocentro comercial, no puedo encontrar margarina sin grasas hidrogenadas. Así que opté por hacer esta versión que incluía, como grasa, el aceite. Alguna persona ducha sabrá cómo sustituir la margarina por aceite vegetal, pero yo no tengo tanta mano con la cocina.

Para 2 bizcochos de 20 cm de ancho o 18 cupcakes o un molde de bundt (el que tengáis)

Ingredientes:

  • 260 gramos de harina de repostería tamizada
  • 285 gramos de azúcar
  • 85 gramos cacao en polvo americano tamizado
  • 2 cucharaditas de bicarbonato sódico
  • ½ cucharadita de sal
  • 1 y ¼ (290 gramos) tazas de agua
  • 1/3 taza (64 gramos) de aceite de girasol
  • ½ taza (114 gramos) de café frío
  • 1 cucharadita de extracto de vainilla
  • 1 cucharada de vinagre (recomendado: vinagre de manzana)

Aclaración: Para saber más sobre el cacao tipo americano y por qué el cacao europeo no sirve, pinchad aquí.

Preparación:

Precalienta el horno a 180ºC.

Engrasa dos moldes de 20 cm con papel vegetal o enmantequíllalos y enharínalos.

Mezcla la harina tamizada, el azúcar, el cacao, el bicarbonato y la sal en un bol.

En otro bol pequeño, mezcla el agua, el aceite, el café y el extracto de vainilla.

Añade los ingredientes húmedos a los secos y mezcla hasta que estén integrados, pero sin batir demasiado la mezcla.

Incorpora el vinagre hasta que empieces a ver cómo la masa cambia de color. El vinagre crea una reacción química, así que tienes que mezclarlo un poco en la masa, haciendo remolinos. La masa necesitará calor, así que tienes unos pocos segundos, una vez que has mezclado el vinagre, hasta que la reacción química comience. No lo mezcles demasiado: para cuando veas que algo de la masa cambia de color por la acción del vinagre: no pretendas que toda la masa cambie de color y no sobrebatas, porque entonces te cargarás la masa. Lo que hice fue echar el vinagre, dar unas vueltas (es cierto: cambia de color) y echar la masa en el molde. Yo no hago las cosas muy rápidamente en la cocina, pero el bizcocho subió. Eso sí: lo hice lo más rápido que pude, no dejé la masa reposando: mezclé, llené el molde, abrí el horno y adentro.

Distribuye la masa en los dos moldes y hornea de 20 a 25 minutos, hasta que el bizcocho vuelva a su posición inicial si lo aprietas por el centro con el dedo. Pon el molde en una rejilla hasta que se enfríe completamente y luego desmóldalo con la ayuda de un cuchillo, pasando un cuchillo por los bordes.

Si vas a hacer cupcakes, rellena 18 moldes a ¾ partes de su capacidad y hornéalos de 16 a 19 minutos, hasta que un palillo insertado en el centro salga limpio. Ponlos en una rejilla y, cuando estén fríos, sácalos del molde.

Si vas a hacer un bundt cake, como es más grande, hay que aumentar los tiempos. Yo lo tuve unos 50 minutos, pero a partir de los 45, como cada horno es un mundo, ve comprobando si está. En un bizcocho vegano, la comprobación es la misma que en cualquier otro bizcocho. Se inserta un palillo o la punta de un cuchillo fino y, si sale limpio, es que está listo. Se saca del horno, se deja reposar diez minutos dentro del molde y luego se desmolda. Para desmoldar bien un bizcocho en un molde de bundt, se pone un plato (no olvidéis los guantes) encima del molde (por la parte por la que se ve el bizcocho, claro), se le da la vuelta y luego se deposita con mucho cuidado -los bizcochos calientes están blanditos y se pueden romper, pero yo soy una inútil en la cocina y nunca se me ha roto ninguno, así que no tengáis miedo- encima de una rejilla. Hay que observar que no haya corrientes de aire en la habitación para que el bizcocho no se seque.

Cuestiones:

Yo no hice ni cupcakes ni dos bizcochos. Así lo dice en la receta original, en la que luego usa un frosting para rellenarlo. Yo, como veis en las fotos, preparé un molde de bundt cake y lo horneé ahí. Para preparar el molde de bundt cake hay que enmantequillarlo (con margarina) y enharinarlo. Lo mejor es usar margarina derretida y harina juntas: una cucharada de margarina y una de harina, se mezclan en un bol y se usa un pincel de pincelar para preparar bien el molde y que no se pegue nada.

No se puede usar otra clase de grasa para hacerlo. Lo comprobé, porque intenté con aceite y adiós bizcocho. De los errores se aprende.

Y hubo otro error: ¿Qué ocurre si lo hacemos con harina, como yo hice? Pues que el bizcocho, en algunas partes, queda blanco. Así que el truco (como siempre, esto lo leí luego) es hacer lo mismo, pero en vez de con harina, con margarina y cacao. Así el bizcocho queda todo del mismo color. Si os fijáis en las fotos, lo blanco se aprecia y no queda bonito. Por eso le eché cantidades ingentes de azúcar glas por encima. Para que no se notara. El azúcar glas, si lo usamos para decorar, hay que espolvorearlo con un colador: si no, queda horroroso de feo. Y no nos vamos a pasar una hora y pico haciendo un bizcocho para luego ponerle pegotones feos de azúcar encima.

Bizcocho vegano de chocolate